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UNIVERSIDAD
DE LA REPUBLICA
FACULTAD
DE MEDICINA
ESCUELA
DE GRADUADOS
CATEDRA
DE ANESTESIOLOGIA
TRABAJO
DE 2º AÑO
DOLOR
PELVICO CRONICO
BLOQUEO
DEL PLEXO HIPOGASTRICO SUPERIOR Y BLOQUEO DEL GANGLIO IMPAR
DRA.
SUSANA LOSAS GOMEZ
DOLOR
PELVICO CRONICO
La pelvis es asiento de diversas y múltiples
estructuras inervadas intrínsecamente, que son fuentes
potenciales de dolor. El dolor pélvico es particularmente
difícil para su manejo por ser vago, pobremente localizado, no
respeta la línea media, y puede ser bilateral (1).
El dolor pélvico puede ser de origen benigno,
generalmente ginecológico o urológico; maligno
cuando la pelvis es asiento de procesos oncológicos que tienden
a extenderse a estructuras vecinas por invasión directa o
metástasis a ganglios linfáticos regionales; o de origen psicológico.
El dolor pélvico crónico se define en general
basado en la duración, las bases anátomo-fisiológicas o las
características psicológicas del dolor (2). La International
Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor pélvico
crónico sin patología evidente como dolor crónico o recurrente
que aparentemente tiene un origen ginecológico pero para el cual
no se encuentra lesión definida o causa. Sin embargo la
definición de la IASP no es ampliamente usada en la literatura.
Esta implica ausencia de patología, lo cual no necesariamente es
el caso, y excluye casos donde hay patología presente aunque no
necesariamente en la causa del dolor. Por esto se prefiere
definir el dolor pélvico crónico como dolor abdominal o
pélvico no cíclico de al menos 6 meses de duración (3).
Haremos a continuación una reseña de los
diferentes tipos de dolor pélvico crónico y sus etiologías,
para pasar luego al que atañe a este trabajo, el dolor de origen
neoplásico y su tratamiento.
Para la mayoría de los médicos de atención
primaria, el dolor pélvico crónico de origen benigno es el
problema clínico más frecuente. Usualmente la evaluación del
mismo es lenta y la relación entre los hallazgos y los síntomas
es incierta. Los tratamientos en general son prolongados y no
completamente satisfactorios. Afecta a un gran número de mujeres
jóvenes e implica una gran cantidad de procedimientos
diagnósticos y quirúrgicos.
En un estudio reciente de mujeres que concurren
a la consulta médica, el 39,1% reportan dolor pélvico al menos
alguna vez, y el 11,7% tienen dolor más de cinco días al mes o
durante un día completo todos los meses (4). Aproximadamente el
2 a 5% de la población femenina en edad reproductiva reportan
afectación significativa de su actividad laboral o en el hogar
causados por dolor pélvico crónico. La cirugía ginecológica
es frecuentemente realizada en el dolor pélvico como indicación
primaria, incluyendo un 15-40% de laparoscopias y 12% de
histerectomias (3, 4).
A pesar de publicaciones aisladas y de
observaciones que intentan atribuir los síntomas a causas
orgánicas específicas, no es fácil clasificar de manera simple
la causa del dolor pélvico crónico. En un trabajo realizado por
Mathias S. et al. (5) para determinar la prevalencia y la
relación con enfermedad orgánica en el caso de dolor pélvico
crónico en mujeres se encontró que en más de la mitad de las
encuestadas (61%) la causa del dolor era desconocida. Entre las
restantes en las que se diagnosticó una causa física, el 25%
presentaban endometriosis (6), el 49% relataban una causa no
relacionada con el ciclo menstrual (por ej. infección por
levaduras, enfermedad inflamatoria pélvica, espasmo del
elevador, espasmo piriforme, adhesiolisis), y un 10% relataban
una enfermedad no ginecológica (hernia ciática (7), síndrome
de intestino irritable, síndrome uretral crónico y cistitis
intersticial (8)).
También se ha visto la presencia de dolor
pélvico crónico posteriormente a cirugía urológica o
ginecológica cuya causa no es clara, en la que podrían estar
implicados mecanismos de lesión nerviosa (9, 10). Se ha visto en
estos casos que la presencia de este síndrome en el
preoperatorio, predispone a la aparición del mismo en el
postoperatorio.
En el hombre con dolor pélvico crónico de
origen benigno, se ha visto que la causa principal del mismo
radica en la prostatitis crónica idiopática (11).
Aunque cientos de reportes anecdóticos o de
seguimientos han intentado atribuir el dolor pélvico crónico de
origen benigno a causas orgánicas específicas y medicamente
corregibles, no se han descubierto taxonomías simples. Por lo
tanto un número de investigadores han virado sus observaciones a
las características sicológicas de esta población en la que se
ha encontrado una alta prevalencia de disturbios sicológicos en
las pacientes que refieren dolor pélvico crónico (3, 12). Se ha
visto que las mujeres con dolor pélvico crónico son más
depresivas, ansiosas, neuróticas y con conductas disociativas, y
se han reportado mayor cantidad de historias de abuso de
sustancias y disfunción sexual en la vida adulta que en los
grupos control. El diagnostico psiquiátrico específico de
desordenes depresivos mayores, desordenes de somatización,
desordenes de la personalidad de tipo borderline, y desordenes de
estrés portraumático, ha sido encontrado más frecuentemente en
la población con esta patológica que en la población general.
Una de las variables que influencian estas
alteraciones psicológicas puede ser que en las mujeres con dolor
pélvico crónico se ha reportado una alta incidencia de abuso
sexual o físico en la infancia o en la vida adulta (13, 14, 15,
16). Dada la naturaleza del dolor pélvico crónico, el abuso
sexual ha sido propuesto como un componente etiológico lógico y
específico. A pesar de esto un importante estudio sugirió que
el abuso sexual por si solo no es predictivo de dolor pélvico
crónico, a pesar de lo cual las experiencias de abuso en general
pueden promover la condición de cronicidad del dolor (3).
El otro tipo de dolor pélvico crónico, al
cual nos referiremos en este trabajo, es el que se produce como
consecuencia del desarrollo de cáncer en órganos pélvicos o la
extensión del mismo desde otros sectores a la pelvis.
El paciente canceroso con crecimiento extensivo
del tumor hacia la pelvis pueden experimentar dolor pélvico
severo que no responde a los tratamientos farmacológicos. El
dolor pélvico puede provenir del tumor que se asienta en
visceras pélvicas (dolor visceral), de la extensión tumoral
hacia los músculos de la pared pelvica (dolor somático), y del
compromiso tumoral nervioso (dolor neuropático).
OPCIONES
TERAPEUTICAS PARA EL DOLOR PELVICO
El dolor pélvico es un problema notablemente
difícil de tratar en los pacientes en que se puede identificar
con claridad el punto de la pelvis en el que se origina dicho
dolor; es decir, cuello uterino, útero, vejiga, recto,
próstata, testículos, vulva y colon; más aún en los que
presentan dolor cuyo origen no está claramente definido.
El reconocimiento del papel de los nervios
pélvicos autónomos como generadores de dolor referido a la
pelvis sin que se deba a ninguna de las causas señaladas
anteriormente en el dolor visceral, representa una mejora
significativa en la capacidad del médico de tratar dicho dolor.
Se cuenta con diversas técnicas anestésicas y
quirúrgicas para tratar el dolor pélvico de origen neoplásico,
entre las que el bloqueo nervioso juega hoy un rol importante
(16, 17)
Por las características del dolor pélvico las
intervenciones neuroquirúrgicas generalmente no son aplicables
en su manejo (18). De las diversas operaciones neuroquirúrgicas
desarrolladas para el control del dolor, solamente la cordotomía
es todavía comúnmente usada. La cordotomía produce analgesia
que es estrictamente unilateral, por lo que es una pobre opción
para el tratamiento de la mayor parte de los pacientes con dolor
pélvico.
La cordotomía bilateral raramente se indica
con esta finalidad, porque presenta un riesgo alto asociado a la
apnea fatal del sueño y la disfunción vesical (19).
Otra opción terapéutica es el bloqueo
neurolítico subaracnoideo o epidural (20, 21, 44). La proximidad
de los nervios que gobiernan la vejiga, el intestino, la función
de las extremidades inferiores, así como las percepciones de
estímulos de los órganos pélvicos, hacen de las inyecciones
neurolíticas a nivel subaracnoideo y peridural una opción
terapéutica riesgosa en esta región. Los bloqueos del neuroaxis
se consideran como el último recurso, excepto en pacientes con
colostomía y derivación urinaria preexistente y de realizarse
deben hacerse por personal calificado, tomando precauciones
extremas para evitar efectos no deseados como la paresia de los
miembros inferiores. En la literatura se reporta un estudio que
combina la cordotomía unilateral con la neurolisis subaracnoidea
contralateral con resultados relativamente buenos (22).
La terapia opioide intraespinal es una
importante opción para un número selecto de pacientes con dolor
pélvico refractario al manejo farmacológico convencional (23,
24). Sin embargo, su indicación se ve limitada cuando se utiliza
en forma crónica, por factores que incluyen: carencia de la
tecnología requerida, alto costo de mantenimiento institucional,
desarrollo de tolerancia e ineficiencia en una proporción de los
pacientes.
Los bloqueos simpáticos lumbares se han
reportado como una herramienta efectiva para el manejo de algunos
pacientes con dolor pélvico. La cadena simpática lumbar no
inerva directamente las estructuras pélvicas, pero debido a su
continuidad con el plexo hipogástrico superior, la aplicación
de grandes volúmenes de soluciones probablemente difunden
caudalmente resultando en un alivio del dolor pélvico. Sin
embargo, los bloqueos simpáticos lumbares aún no se han
estudiado sistemáticamente para esta indicación; asimismo
pueden estar sujetos a una frecuencia elevada de falla en
pacientes con grandes masas tumorales o invasión retroperitoneal
que dificultan el flujo caudal de la solución neurolítica.
La interrupción quirúrgica del plexo
hipogástrico superior (neurectomía presacra), tanto por
laparotomía como por laparoscopía, es un procedimiento que ha
demostrado aliviar una variedad de condiciones pélvicas
dolorosas, predominantemente no oncológicas (25, 26, 27, 28). En
una serie de neurectomías presacras se demostró una frecuencia
de éxito en dismenorrea del 73%, en dispareunia del 77% y en
otro tipo de dolor pélvico del 66%. El bloqueo del plexo
hipogástrico superior es un procedimiento percutáneo, análogo
a la neurectomía presacra que ha emergido recientemente como una
importante opción en el manejo del dolor pélvico refractario,
particularmente de origen neoplásico, pero también para el
dolor de origen benigno. El bloqueo de éste plexo junto con el
bloqueo de ganglio de Walter o ganglio impar que da inervación
vegetativa al periné son las técnicas más recientes en el
tratamiento del dolor pélvico y la extensión perineal de dicho
cuadro que fueron desarrolladas por Plancarte y su grupo de
Ciudad de México. Estos bloqueos deben ser considerados entre
las terapias menos invasoras para tratar este síndrome, siendo
las que menos complicaciones traen y pudiendose además repetir
de ser necesario. El bloqueo del plexo hipogástrico superior es
una medida efectiva, relativamente fácil, con mínimos riesgos,
que provee una adecuada paliación del dolor pélvico de origen
oncológico y de algunos cuadros dolorosos crónicos de origen no
oncológico, pero mediados por el sistema autónomo de la pelvis.
Por otra parte el bloqueo del ganglio de Walter es también
efectivo, fácil y no peligroso que proporciona alivio del dolor
perineal de origen autonómico y que complementa el manejo
integral del dolor pélvico.
ANATOMIA
DE LOS GANGLIOS Y NERVIOS AUTONOMOS PELVICOS
La neurofisiología compleja de la pelvis,
además de la particular y específica anatomía del plexo
hipogástrico superior, demanda la necesidad de describir la
intervención autonómica de la cavidad pélvica (16, 29).
El plexo hipogástrico superior, algunas veces
referido como nervio presacro, está formado por la confluencia
de la cadena simpática lumbar y por las ramas del plexo aórtico
que contienen fibras provenientes del plexo celíaco y
mesentérico inferior. Usualmente contiene también fibras
parasimpáticas que se originan en las raíces ventrales de S2-S4
y viajan como los nervios delgados erigentes (nervios
pelvicoesplácnicos) a través del plexo hipogástrico inferior
al plexo hipogástrico superior.
El plexo está localizado en el retroperitoneo
dentro del tejido conectivo, por delante del cuerpo de la
porción inferior de la quinta vertebra lumbar, promontorio sacro
y porción superior de la primera vertebra sacra. Sus relaciones
anteriores incluyen la bifurcación de la aorta, ambas arterias
iliacas comunes, la vena ilíaca común izquierda, y los vasos
sacros medianos.
El plexo hipogastrico superior se divide en los
nervios hipogástrico derecho e izquierdo los cuales descienden
lateralmente al colon sigmoides y a la unión rectosigmoidea para
llegar a los plexos hipogástricos inferiores. El plexo superior
origina ramas para los plexos uterino y testicular (u ovárico),
el colon sigmoides y a los plexos que rodean las arterias
ilíacas comunes e internas.
Además de las vías perivasculares que
incluyen el plexo mesentérico inferior (colon sigmoides y recto)
y el plexo renal (uréter y ovario o testículo), las áreas
lumbares y sacras de los troncos simpáticos sacros se encuentran
contiguos a nivel del borde pelvico. Los troncos simpáticos
sacros descansa en la fascia pélvica parietal junto al peritoneo
parietal y recto, así como sobre la superficie ventral del
sacro, junto a su foramina anterior y la salida de los nervios
sacros. Por debajo, convergen y se unen formando un ganglio
pequeño y solitario, "ganglio impar" (ganglio de
Walter), localizado anteriormente a la articulación
sacrocoxígea en el piso del retroperitoneo pélvico.
Generalmente existen cuatro, y en ocasiones
tres, ganglios sacros bilateralmente en esta región. En esta
región no están presentes las ramas comunicantes blancas, pero
cada ganglio suministra una o más ramas comunicantes grises que
contienen fibras simpáticas postganglionares que se distribuyen
en la proximidad de los plexos sacros y coccígeo, vasos,
glándulas sudoríparas, músculos piloerectores, músculo
estriado, hueso y articulaciones. Los ganglios del tronco
simpático pélvico también originan ramos delgados, los nervios
erigentes o nervios esplácnicos, que se unen al plexo
hipogástrico inferior. El plexo hipogástrico inferior es una
estructura bilateral situada a ambos lados del recto, parte
inferior de la vejiga, y (en el hombre) próstata y vesículas
seminales o (en la mujer) cérvix uterino y cavidad vaginal. En
contraste con el plexo hipogástrico superior, que está situado
en un plano predominantemente longitudinal, la configuración del
plexo hipogástrico inferior está orientado en un plano más
transverso, extendiendose postero-anteriormente paralelo al piso
de la pelvis. El plexo hipogástrico inferior proporciona la
inervación a las vísceras pélvicas y genitales, y forma los
plexos subsidiarios (ej. el plexo rectal superior y medio,
vesical, prostático y útero-vaginal). Cada rama contiene fibras
viscerales, glandulares, vasculares y aferentes, frecuentemente
combinadas en fascículos nerviosos originadas en las varias
estructuras antes involucradas.
BLOQUEOS
NEUROLITICOS SIMPATICOS
Inicialmente, la utilización de las sustancias
neurolíticas fue un intento de prolongar en el tiempo los
efectos analgésicos que se obtenían con los anestésicos
locales.
El bloqueo nervioso neurolítico ofrece grandes
posibilidades para el alivio del dolor crónico en los pacientes
afectos de dolor severo, principalmente provocado por las
neoplasias avanzadas, si bien también es eficaz en otras
patologías incurables, como por ej. la enfermedad vascular
oclusiva (30,31,32). El objetivo de los bloqueos neurolíticos es
la interrupción de las vías sensitivas y en ocasiones del
sistema nervioso autónomo. El bloqueo de las vías motoras sólo
está indicado en la espasticidad para aliviar los espasmos
musculares de las extremidades. Los neurolíticos que con más
frecuencia se usan son el alcohol, el fenol y el glicerol. En un
principio su utilización se extendió en exceso, originando un
aumento de las complicaciones. Hoy día se están delimitando
cuidadosamente sus indicaciones y seleccionando minuciosamente a
los pacientes, para obtener la mejor relación riesgo/beneficio.
Como ya se comento, antes de realizar un bloqueo neurolítico se
deben seleccionar cuidadosamente los pacientes, siendo esto
importante para el éxito del mismo. Se deberán tomar en cuenta
los siguientes criterios (30, 33):
1- Criterios médicos:
a- Dolor localizado en los dermatomas inervados
por el plexo hipogastrico superior o ganglio impar.
b- La realización del procedimiento no
comprometerá la situación médica del paciente ni acelerará su
fallecimento.
c- Se solicitará previo al procedimiento una
crasis sanguínea ya que las coagulapatías contraindican la
técnica. Algunos autores consideran necesario contar con una TAC
para descartar que el proceso neoplásico sea de una magnitud tal
que impida la difusión del agente neurolitico con el
consiguiente fracaso del bloqueo.
e- Se realizará el bloqueo cuando la
utilización de fármacos opiáceos no ha reducido de forma
satisfactoria ni significativa el dolor del paciente y si ha dado
efectos secundarios intolerables.
f- Otros procedimientos no destructivos no
resultan adecuados o no tienen una buena relación entre coste y
eficacia.
g- La naturaleza de la enfermedad cancerosa
específica indica una enfermedad progresiva, incluso con
tratamiento oncológico, siendo el dolor el síntoma más
predominante.
h- La expectativa de vida del paciente es la
suficiente para indicar un bloqueo neurolítico.
2- Criterios de conducta:
a- El bloqueo diagnóstico consigue que el
paciente comunique un alivio del dolor de por lo menos el 50%
mientras el bloqueo es eficaz.
b- Tanto el paciente como la familia comprenden
el procedimiento y los potenciales efectos secundarios.
c- La observación de la conducta indica signos
positivos de alivio con el bloqueo diagnóstico (por ej.
disminución de la ingestión de medicamentos, aumento de la
vigilia, postura más relajada).
3- Criterios psicosociales.
a- Expectativas realistas por parte del
paciente y de su familia en cuanto a los resultados pretendidos y
los posibles efectos secundarios.
b- Existencia de apoyo familiar en lo referente
a la prestación de ayuda al individuo si los déficit motores o
sensoriales limitan su funcionalidad.
Los efectos analgésicos de los bloqueos
neurolíticos no son permanentes, variando la duración según la
técnica y el fármaco utilizado, si bien el bloqueo neurolítico
en caso de necesidad puede ser repetido.
El bloqueo selectivo del sistema simpático
tiene importantes indicaciones diagnósticas y terapéuticas en
algunas manifestaciones dolorosas. La interrupción del sistema
nervioso simpático a nivel ganglionar ha sido largamente
empleado en el tratamiento del dolor crónico de diversas
etiologías mediado por el simpático. Clásicamente, el ganglio
estrellado (C6-T1), el plexo celíaco (T12-L1), y la cadena
simpático lumbar (L2-L3) han sido el blanco en el tratamiento
del dolor de cabeza, nuca, y extremidad superior; dolor de la
parte superior de abdomen y de la espalda; y dolor de la
extremidad inferior, respectivamente. Hasta recientemente, poca
atención había recibido la interrupción de sitios alternos del
sistema nervioso simpático como son el plexo hipogástrico
superior y el ganglio impar.
BLOQUEO
DEL PLEXO HIPOGASTRICO SUPERIOR
En 1989 aparece el primer reporte del bloqueo
del plexo hipogástrico superior realizado por Plancarte y col.
(34, 35). El estudio tuvo como justificación la frecuencia
elevada de dolor visceral en asociación con enfermedad
oncológica y las opciones limitadas de manejo, lo que motivó
que se ideara la realización de un abordaje percutáneo que
bloqueara los nervios de esta área. En este primer reporte se
incluyeron 28 pacientes de los cuales 25 presentaban afección
neoplásica de las vísceras pélvicas secundario a cáncer
cérvico-uterino (20 pacientes), prostático (4 ptes.) y
testicular (1 pte.); y el resto lesión visceral post-radiación
(3 ptes.). El dolor fue significativamente disminuido o aliviado
en todos los casos y no se presentaron complicaciones serias.
Empleando la escala visual análoga (EVA) se observó una
disminución promedio del dolor de un 70%. El dolor residual fue
catalogado de origen somático que requirió de tratamiento
alternativo: administración epidural de esteroides, series de
fenol al 2 o 3% epidural y/o la administración oral de
analgésicos no opioides, obteniendo una disminución global del
dolor en un 90%. No se presentó recidiva del dolor vegetativo
hasta su muerte (3 a 12 meses) a excepción de dos pacientes en
los cuales los síntomas recurrieron 2 semanas posterior al
bloqueo y en ambos se comprobó importante invasión tumoral
retroperitoneal, lo que probablemente interfirió en la
distribución libre del agente neurolítico. Ambos pacientes se
sometieron a un nuevo bloqueo del plexo hipogástrico con control
de tomografía axial computarizada (TAC )resultando alivio del
dolor de origen simpático hasta su muerte (2 a 4 meses
después). Un porcentaje variable de pacientes presentó
recurrencia o extensión del dolor somático que requirió de un
tratamiento alternativo. En los 3 pacientes con dolor
postradioterapia la sintomatología no recurrió en dos años de
seguimiento.
Desde la primera publicación hasta 1997, éste
grupo ha acumulado experiencia con más de 140 pacientes
oncológicos y aproximadamente 16 pacientes no oncológicos (16).
En estos últimos se produjeron resultados similares que en los
pacientes oncológicos con la salvedad de que cuando el bloqueo
fue exitoso, el dolor residual no fue común y otras
intervenciones complementarias no fueron necesarias.
Kent y col. (36, 37,38) publicaron sus
resultados del uso de esta técnica en 26 pacientes con dolor
pélvico por cáncer. Dieciocho pacientes (69%) tuvieron un
alivio satisfactorio del dolor después de uno o dos
procedimientos (disminución de EVA de 10 a 3) y los ocho
pacientes restantes reportaron un alivio parcial del dolor
(disminución del EVA de 10 a 4-7). No se reportaron
complicaciones.
Un nuevo trabajo realizado por Plancarte y su
grupo en 1997 (39) sobre esta técnica reafirma los resultados
obtenidos anteriormente.
Wechsler y col. promueve la realización de la
técnica dirigida por TAC (40) colocando dos agujas mediante un
abordaje posterior a nivel L4-L5. Esta técnica disminuye la
incidencia de punción de la aorta, vasos ilíacos y nervios
lumbares y es de fácil realización.
Waldman y col. (41) describieron recientemente
una modificación a la técnica utilizando una sola aguja bajo
control rutinario de TAC, observando una distribución bilateral
del medio de contraste. Ellos recomiendan el abordaje
paravertebral unilateral a nivel del interespacio L4-L5, y una
vez que se verifica la punta de la aguja en el espacio
retroperitoneal, se inyectan 10 ml. de lidocaína al 1% o alcohol
absoluto. En la experiencia de Plancarte y su grupo, sin embargo,
no se ha comprobado la distribución bilateral del medio de
contraste en el retroperitoneo, particularmente si presenta
invasión tumoral, por lo que no recomiendan la realización
unilateral del bloqueo en pacientes oncológicos (42).
Todos estos trabajos han arrojado como
resultado que el bloqueo del plexo hipogástrico superior es una
medida efectiva, con mínimos riesgos, que provee la paliación
del dolor pélvico de origen oncológico emanado de uno o más de
los siguientes órganos pélvicos: colon descendente y recto,
fundus vaginal y vejiga, próstata y uretra prostática,
testículos, vesículas seminales, útero y ovarios. También es
efectivo para el tenesmo ardoroso después de la anastomosis
rectal y de la lesión postradioterapia de las vísceras
pélvicas.
TECNICA
El bloqueo del plexo hipogástrico superior
puede estar precedido por una sola aplicación epidural lumbar
(L4-L5) de 8-10 ml de lidocaína al 1%, favoreciendo así la
cooperación del paciente mediante la reducción del espasmo
muscular reflejo que se presenta al contacto de las agujas con el
periostio, evitando entonces los movimientos del paciente (16,
29, 39). Alternativamente, se puede realizar con infiltración
local de todos los planos musculares implicados.
Se debe contar con una vía endovenosa
permeable. Se realiza prehidratación del paciente con 10 ml/kg
de suero fisiologico o ringer.
El paciente se coloca en posición de decúbito
prono colocando una almohada debajo de la pelvis para disminuir
la lordosis lumbar , la cabeza del paciente se coloca girada
hacia un lado y los brazos se ponen a los lados de la cabeza.
Para la realización de la técnica el paciente debe estar
siempre monitorizado y debe ser realizada en un ambiente
aséptico como es un block quirúrgico. También se debe contar
con un equipo de reanimación dado que la técnica en general es
precedida por un bloqueo epidural el cual no está exento de
complicaciones.
La región lumbosacra se limpia asépticamente.
Se localiza el interespacio L4-L5, se verifica por fluoroscopía
y se marca. Se realiza un habón dérmico en forma bilateral a
5-7 cm de la línea media del interespacio L4-L5. Una aguja de 7
pulgadas, calibre 22 de bisel corto, con un marcador de
profundidad de 5-7 cm, se introduce a través del habón.
Desde una posición perpendicular en todos los
planos a la piel, se dirige a unos 30º caudalmente y 45º
medialmente, de tal forma que la punta se orienta hacia la
porción anterolateral de la parte inferior del cuerpo vertebral
de L5. La cresta ilíaca y la apófisis trasversa de L5, cuyo
tamaño está aumentado en algunas ocasiones, son barreras
potenciales que dificultan el paso de la aguja requiriendo
redirigirla con una trayectoria oblicua céfalo-lateral. Si la
apófisis transversa de L5 se encuentra durante el avance de la
aguja, ésta debe retirarse hasta el nivel del tejido subcutáneo
y redirigirse suavemente en sentido céfalo-caudal. La aguja se
reintroduce, entonces, hasta encontrar la cara anterolateral del
cuerpo de la vértebra de L5 o hasta que su punta se observe
fluoroscopicamente en el área anterolateral de la vértebra. Si
la aguja se encuentra con el cuerpo vertebral, se hace un
esfuerzo suave para tratar de avanzarla y en caso de no lograrlo,
se retira la aguja sin alterar su orientación céfalo-caudal, y
se redirige en una plano ligeramente menos medial hasta avanzarla
por la cara anterolateral del cuerpo vertebral. La punta de la
aguja se coloca aproximadamente 1 cm por delante del margen óseo
y en este punto se presenta la pérdida de resistencia o se
percibe un chasquido, indicando que la punta de la aguja ha
cruzado el límite de la fascia anterior del músculo psoas, y
por lo tanto el espacio retroperitoneal correspondiente. En este
momento el marcador de profundidad de la aguja se encontrará
ubicado a nivel de la piel y la distancia que éste marque
depende de la constitución física de cada paciente.
El abordaje contralateral se efectúa siguiendo
las recomendaciones del anterior y de manera semejante usando la
trayectoria y la profundidad del primer abordaje como una guía.
La fluoroscopía biplanar se emplea durante la
introducción de las agujas para verificar su posición. Las
imágenes anteroposteriores deben mostrar la posición de las
puntas de las agujas a nivel de la articulación de los cuerpos
vertebrales de L5-S1, y las imágenes laterales confirmarán la
posición más allá del límite anterolateral de los cuerpos
vertebrales. Se recomienda la administración de 3-4 ml de medio
de contraste hidrosoluble por cada aguja, para verificar su
posición en el retroperitoneo.
En la vista anteroposterior la distribución
del medio de contraste se confirma en la región paramedial, y en
la lateral se observa un ligero contorno que corresponde a la
fase anterior del psoas, indicando que las agujas están en el
sitio apropiado. Alternativamente, como ya fue mencionado, se
puede utilizar la TAC, lo que permite una mejor visualización de
las estructuras vasculares y musculares del área, o la presencia
de masas tumorales (40).
El bloqueo del plexo hipogástrico superior se
utiliza con propósitos diagnóstico/pronóstico y terapéutico.
En el primer caso se recomienda aplicar una volumen de 6-8 ml de
bupivacaína al 0,25% a través de cada aguja. Para el bloqueo
terapéutico (neurolítico), Plancarte y su grupo está a favor
de usar un volumen total de fenol acuoso al 10% de 8 a 12 ml por
cada aguja. Durante la manufactura de la solución de fenol se
agrega una pequeña cantidad de glicerina para mantener el fenol
en solución.
COMPLICACIONES
La punción de los vasos iliacos comunes esta
entre una de las complicaciones de la técnica, con riesgo de
hemorragia, hematoma, desprendimiento de una placa de ateroma con
embolización distal e inyección intravascular; por lo que se
recomienda tomar precauciones adicionales que incluyen: la
aspiración antes de cada administración y desde luego el uso de
una dosis de prueba de anestésico local (29, 30, 37,43, 52).
La inyección intramuscular o intraperitoneal
es un riesgo si existe una estimación equivocada de la
profundidad de la aguja.
Está descrito, aunque es muy raro que se
produzca, cuando se hace el bloqueo en forma bilateral, la
disfunción sexual en el varón, la disfunción vesical e
intestinal (43, 52).
Otra complicación poco frecuente es la
infección, la cual se previene utilizando una correcta asepsia
durante la técnica (43).
Estas y otras complicaciones menos frecuentes
(inyección subaracnoidea o peridural, lesión de nervios
somáticos, punción renal o ureteral) generalmente son evitadas
si se realiza la técnica en forma adecuada y cuidadosa (30, 29).
BLOQUEO
DEL GANGLIO DE WALTER (GANGLIO IMPAR)
El dolor proveniente de desordenes de las
vísceras y estructuras somáticas incluidas en la pelvis y
periné es una causa frecuente de incomodidad e incapacidad,
especialmente entre las mujeres (29). El periné está ubicado en
el área inmediatamente debajo de la pelvis, y comprende diversas
estructuras anatómicas con inervación somática y simpática
entremezcladas. A pesar de que varios métodos han sido
propuestos para el manejo del dolor perineal intratable, su
eficacia e indicaciones están limitadas por los mismos factores
que complican el manejo del dolor pélvico. Además la clave del
bloqueo nervioso en está región históricamente se ha enfocado
sobre los nervios somáticos y no sobre el componente simpático.
Recientemente el bloqueo del ganglio impar o ganglio de Walter ha
sido introducido como una mejor alternativa en el manejo del
dolor perineal neoplásico intratable de origen simpático.
Característicamente, el dolor simpático en la
región perineal tiene cualidades distintivas: tiende a ser vago,
pobremente localizado, y frecuentemente se acompaña de
sensación de quemazón y de urgencia.
El ganglio impar es una estructura solitaria
retroperitoneal localizada a nivel de la unión sacrocoxigea, la
que marca la terminación de la cadenas pares simpáticas
paravertebrales.
La primera comunicación de la interrupción
del ganglio impar para el alivio de dolor perineal fue hecha por
Plancarte y col. (45) en 1990. Dieciseis pacientes fueron
estudiados (13 mujeres y 3 hombres); con edades entre 27 y 87
años (media de 48 años). Todos los pacientes tenían canceres
avanzados ( 9 de cervix, 2 de colon, 2 de vejiga, 1 de recto y 2
de endometrio), y el dolor persistía en todos los casos a pesar
de cirugía y/o quimioterapia o radioterapia, analgésicos y
soporte sicológico. El dolor localizado en periné estaba
presente en todos los casos, y se caracterizaba por ser quemante
y urgente en 8 pacientes y mixto en los otros 8. El dolor estaba
referido al recto en 7 casos, periné en 6 casos y vagina en los
otros 3. Luego de un bloqueo preliminar con anestésicos locales
y subsiguientemente el bloqueo neurolítico, 8 pacientes
experimentaron alivio completo del dolor (100%), y el resto
experimentaron una reducción significativa del mismo (90% para
uno, 80% para dos, 70% para uno y 60% para cuatro) determinado a
través del EVA. El bloqueo fue repetido en dos pacientes con una
prolongación de la mejoría. En los pacientes en los que no se
logró el alivio completo del dolor, los síntomas somáticos
residuales fueron tratados con inyección peridural de esteroides
y bloqueo de los nervios sacros.
TECNICA
El paciente se coloca en posición decúbito
lateral, y bajo control fluoroscópico, se expone la región
sacrocoxigea determinando la curvatura anterior real de ese
segmento mediante placa lateral de la columna sacrocoxígea (16,
29, 45). Previa infiltración con un habón dérmico a nivel de
la línea media interglútea sobre el ligamento anocoxigeo, se
efectúa el abordaje con una aguja espinal calibre 22 la cual se
angula aproximadamente 25 a 30º para facilitar posicionar la
punta de la misma anterior a la concavidad del sacro y del coxis.
La aguja se inserta a través del habón dérmico con su
concavidad orientada posteriormente, y, bajo guía fluoroscópica
es direccionada hacia la cara anterior del coxis, muy próximo a
la superficie osea, hasta que se observe que la punta ha
alcanzado la unión sacrocoxigea. La localización
retroperitoneal de la aguja se corroborando con la
administración de 2 ml de medio de contraste soluble. Cuatro
mililitros de lidocaina al 1% o bupivacaína al 0,25% son
inyectados con propósitos diagnosticos y pronósticos, o,
alternativamente 4-6 ml de fenol al 10% se inyecta para bloqueo
neurolítico terapéutico.
En las primeras comunicaciones de Plancarte de
la técnica, el realizaba un abordaje más inferior y colocaba un
dedo a través del orificio anal para evitar la perforación del
recto. Wemm y Saberski (46) publicaron en 1995 una modificación
de esta técnica que consistía en implantar la aguja atravesando
directamente el ligamento anocoxigeo , lo cual evita la lesión
de estructuras más inferiores y la necesidad de la introducción
de un dedo a través del orificio anal para prevenir la
perforación del recto al introducir la aguja. Esta modificación
disminuye la posibilidad de irritación de los tejidos y aumenta
la tolerancia del paciente al procedimiento.
En forma posterior se han publicados casos
clínicos en los que se utilizó tomografía computada con
reconstrucción tridimensional para el bloqueo del ganglio impar.
Los autores sostienen que la utilización de este método para
realizar el bloqueo da una mayor seguridad en cuanto a la
posición correcta de la aguja y la posterior efectividad del
tratamiento (47).
En la mayoría de los casos, el emplazamiento
de la aguja es relativamente derecho hacia adelante. La invasión
local del tumor, particularmente del cáncer rectal, puede
impedir la difusión de la solución inyectada. La observación
de que la difusión del material de contraste no esta restringida
al retroperitoneo es fundamental para corroborar que la posición
de la aguja es correcta previo a la inyección de neurolítico.
COMPLICACIONES
A pesar de los cuidados que se tomen para
confirmar la orientación anteroposterior de la aguja, la
perforación de recto, la inyección epidural o la inyección
intraperiostio son posibles como complicación (29, 30).
Además anormalidades anatómicas de la columna
vertebral sacrocoxigea (ej. curvatura anterior exagerada) pueden
impedir el acceso, en cuyo caso la aguja necesita ser modificada
mediante una curvatura adicional (29).
Asimismo el acceso al sitio preciso se vio
dificultado en un 7% de los casos condicionado por el crecimiento
tumoral, y los pacientes refirieron molestias transitorias en el
momento de la aplicación de la sustancia neurolítica en el 80%
de los casos en el primer reporte hecho por Plancarte y col.
(16).
AGENTES
NEUROLITICOS
A través de los años, diferentes químicos
han sido usados para la interrupción intencional de las vías
nociceptivas. El agente ideal debería ser capaz de interrumpir
selectivamente solo las fibras nerviosas A-delta y C, pero
desafortunadamente todos los agentes comúnmente usados causan
una indiscriminada destrucción del tejido nervioso (31). En esta
sección haremos una revisión del mecanismo de acción de los
neurolíticos más comúnmente utilizados y las consecuencias de
su uso.
MECANISMO DE ACCION
Los fármacos neurotóxicos pueden producir
neurolisis de las fibras nerviosas, en relación con la
concentración del agente en contacto directo con el tejido. Los
fármacos aplicados por vía tópica pueden alterar la
permeabilidad perineural y alcanzar las fibras nerviosas, pero
sus efectos pueden resultar diluidos. La inyección intraneural
de fármacos neurotóxicos produce lesiones más severas, casi
siempre causantes de alteraciones axonales importante y
degeneración walleriana (32, 48)
Cuando se produce una lesión de una fibra
nerviosa, el principal hallazgo histopatológico suele ser una
degeneración walleriana, de suma importancia para conseguir el
efecto clínico deseado de larga duración. La persistencia de la
lámina basal alrededor de la célula de Schwann permite la
regeneración adecuada de las fibras nerviosas, evitando la
formación de neurinomas dolorosos y justificando la utilización
de fármacos neurolíticos. A menudo existe una correlación
débil entre los hallazgos por autopsia y los efectos clínicos
producidos por el bloqueo neurolítico.
En el estudio histológico de los tejidos
nerviosos expuestos a la acción del alcohol, se observan zonas
moteadas de desmielinización, con cambios inflamatorios focales
y moderados en las meninges. Tras la inyección subaracnoidea, la
lesión neurolítica suele circunscribirse a la zona medular
posterior, afectando los tractos de Lissauer. También puede
aparecer degeneración remota de la médula espinal,
probablemente secundaria a la degeneración walleriana de las
fibras distales.
La aplicación tópica de alcohol en los
nervios periféricos produce lesión de las células de Schwann y
del axón, con inflamación de las mitocondrias citoplasmáticas
e interrupción de la vaina de mielina. También puede observarse
dilatación de vesículas en los axones distróficos y
degeneración walleriana como hallazgo casi constante.
Los hallazgos histológicos tras la inyección
de fenol son similares a los detectados tras la aplicación de
alcohol etílico e incluyen degeneración de fibras de las
columnas posteriores y de las raíces nerviosas posteriores. El
fenol produce lesiones caracterizadas por la desmielinización
segmentaria y la degeneración walleriana. La reacción
neurotóxica específica está relacionada con la concentración
de fenol y resulta en una degeneración walleriana secundaria a
la exposición a dichas concentraciones.
Entre las alteraciones histológicas debidas a
la acción del glicerol se incluyen abundantes células
inflamatorias, importantes pérdidas de mielina y axonólisis. La
destrucción de la mielina se produce tras varias semanas de
lesión, asociada a axonólisis durante los períodos de
restitución de mielina, indicativos de una lesión de la fibra
nerviosa asociada, probablemente causada por fenómenos
secundarios, como compresión de vasos transperineurales e
isquemia. La microscopía electrónica muestra signos evidentes
de degeneración walleriana, tras la inyección intraneural
quedan destrozadas prácticamente todas las fibras nerviosas. Se
observan gránulos lipídicos en las células de Schwann y
células fagocíticas, produciendose también degranulación de
mastocitos.
ALCOHOL
El alcohol se ha utilizado como agente
neurolítico desde 1907 (49), cuando se observó por primera vez
que causaba una lesión extensa sobre los tejidos con los que
entraba en contacto. Es el agente neurolítico prototipo y se ha
utilizado ampliamente a diferentes concentraciones. A una
concentración del 95% se comporta como agente lesivo no
selectivo para el tejido nervioso; sin embargo, a concentraciones
inferiores al 80% algunos investigadores han publicado efectos
variables sobre la función motora (48,49). Utilizando alcohol al
76% inyectado en el nervio ciático de gatos, May provocó una
debilitamiento motor cuya duración variaba considerablemente de
unos animales a otros. Labat y Greene publicaron un tratamiento
satisfactorio del dolor utilizando alcohol al 33% sin una
disfunción motora significativa. Sin embargo, esta perspectiva
se nubla con la publicación de otros trabajos en los que se
refiere una parálisis mantenida de 50 días tras la inyección
de alcohol al 48% o al 95% y con ausencia de cambios patológicos
tras la recuperación.
Es un agente muy irritante, provocando dolor a
la inyección y presenta una amplia difusión a través de los
tejidos. Dada su hipobaricidad respecto al LCR, cuando se inyecta
puede ascender y difundir rápidamente a partir del lugar de
inyección. Tras la inyección lenta, las mayores concentraciones
de alcohol se encuentran en la parte más elevada del espacio
subaracnoideo. Al no ejercer una acción selectiva, puede
provocar importantes lesiones neurológicas, en zonas alejadas
del lugar de inyección si no se toman las debidas precauciones
(32, 48, 49).
El alcohol etílico provoca precipitación de
lipoproteínas y mucoproteínas. La inyección directa de alcohol
en concentración y volumen determinados provoca bloqueo de la
conducción nerviosa, pudiendo provocar anestesia o hipoestesia y
parálisis o paresias si afecta a nervios motores.
Sus principales indicaciones son a nivel del
SNC, sobre el ganglio trigémino, el espacio subaracnoideo, el
plexo celíaco y la cadena simpática lumbar (32, 48).
La duración del efecto neurolítico oscila
alrededor de unos 4 meses. Una de las desventajas de esta
técnica neurolítica es que el alivio del dolor obtenido es, con
frecuencia, parcial o de duración limitada. También puede dar
daño parcial de los nervios con posterior regeneración del
mismo en forma de neurinomas y reaparición del dolor en forma de
dolor neuropático.
FENOL
El fenol es bacteriostatico a una dilución del
0,2%, bactericida en solución al 1% y fungicida en solución por
encima del 1,3%. Es más efectivo en solución acuosa o salina
que cuando es disuelto en glicerina o lípidos, y su actividad es
reducida en medios alcalinos y a bajas temperaturas. El fenol es
soluble en agua en una relación de 1:15, por lo tanto a la
temperatura ambiente una concentración mayor de 6,7% no puede
ser obtenida por el fenol acuoso. Para obtener soluciones más
concentradas se debe agregar pequeñas cantidades de glicerol
(48). Es menos irritante que el alcohol; puede utilizarse en
forma de solución acuosa, que es menos penetrante o en glicerina
que es más potente pero tarda más en hacer efecto.
Fue utilizado por primera vez por Doppler, en
1925, para tratar una enfermedad vascular periférica (49). Tras
la aplicación tópica de una solución al 7% en la arteria
femoral, el flujo sanguíneo mejoró, posiblemente como resultado
de la destrucción de las fibras perivasculares. Posteriormente,
Putnam y Hampton, en 1936, lo utilizaron para la neurólisis del
ganglio de Gasser (31, 49).
Se ha utilizado ampliamente como agente
neurolítico. Su efecto inicial consiste en una coagulación
proteica. Es similar al alcohol en cuanto a su potencia y a la
lesión no selectiva sobre el tejido nervioso. El fenol se
distribuye ampliamente en el endoneuro. La inyección
subaracnoidea de fenol al 5-8% produce una leve reacción
meníngea, aunque concentraciones más elevadas pueden causar
importante fibrosis y engrosamiento aracnoideo, daño de raíces
nerviosas, infartos de la médula espinal, y aracnoiditis o
meningitis (31). Es hiperbárico, es decir pesa más que el LCR y
difunde hacia abajo. En el espacio epidural se emplea a
concentraciones del 10%. Teniendo en cuenta sus características,
es muy importante la colocación del paciente durante el bloqueo
y los minutos que siguen a éste, para obtener los resultados
deseados, evitando en lo posible las complicaciones (32, 48, 49).
Las alteraciones axonales sólo son evidentes
tras concentraciones elevadas o exposiciones prolongadas. Las
dosis bajas provocan un bloqueo de conducción transitorio,
mientras que dosis elevadas producen un bloqueo irreversible por
lesión axonal. La afinidad del fenol por el tejido vascular es
superior a la afinidad por los fosfolípidos cerebrales, lo cual
sugiere que la lesión de los vasos sanguíneos puede ser un
factor patogénico importante en la neuropatología observada
tras la administración de fenol. De ahí el riesgo de la
utilización de elevadas cantidades de fenol cerca de los vasos
sanguíneos principales. Este es el motivo por el cual numerosos
especialistas prefieren el alcohol al fenol en el bloqueo del
plexo celíaco.
El fenol tiene propiedades anestésicas y
neurolíticas, lo que constituye una ventaja al ser su inyección
menos dolorosa y permite identificar con claridad el área
afectada por el bloqueo neurolítico. Tiene una gran rapidez de
acción y el alivio del dolor es inmediato.
Concentraciones de fenol al 5% o superiores al
tomar contacto con los tejidos continúa su penetración a
través de ellos si no es eliminado, por lo que el contacto
persistente con la piel puede producir necrosis extensa. Dosis
sistémicas importantes provocan un período breve de
estimulación del SNC con convulsiones, seguido de depresión
nerviosa central (48).Asimismo la absorción del fenol produce
depresión cardiovascular marcada pudiendo dar hipotensión por
acción directa sobre el miocardio y los pequeños vasos
sanguíneos, así como arritmias (48, 50). Debido a la toxicidad
cardíaca que tiene el fenol, los bloqueos neurolíticos con este
agente se deben realizar con el paciente monitorizado. La dosis
fatal absorbida por el fenol es de 8-15 g, lo que usualmente
lleva a la muerte dentro de las 24 hs.
La intoxicación crónica produce erupciones
cutáneas, síntomas gastrointestinales y toxicidad renal. Las
dosis clínicas de fenol entre 1 y 10 ml a concentraciones de 1 a
10% no suelen provocar toxicidad importante (32, 48).
Tanto el fenol como el alcohol degradan las
prótesis vasculares, sobre todo las de dacrón más que las de
gore-tex, por lo cual en caso de pacientes oncológicos que
tienen prótesis vasculares, se prefiere utilizar otros métodos
de analgesia y no los bloqueos neurolíticos (51).
El fenol es también un potente antipirético
(48).
Se elimina un 80% a través del riñón, tanto
en forma incambiada como conjugado con acido glucuronico o acido
suslfúrico. El resto (20%) es oxidado a hidroquinona,
pirocatecol o es oxidado completamente (48).
GLICEROL
Tras el descubrimiento accidental de su efecto
neurolítico, se convirtió en el de elección para el
tratamiento del dolor facial. La técnica de rizotomía
percutánea retrogasseriana con glicerol, para el tratamiento del
tic doloroso, ha conseguido resultados mucho mejores que los de
la rizotomía por radiofrecuencia, al evitar las lesiones de los
tejidos circundantes y preservar la sensibilidad facial en la
mayoría de los pacientes (31, 32, 48, 49).
Aunque existen algunos signos
neurofisiológicos de que el glicerol tiene un efecto selectivo
en los nervios periféricos, no hay datos histológicos. Un
estudio histológico experimental llevado a cabo por Rengachary
demostró que la inyección intraneural del glicerol es más
lesiva que la aplicación tópica, como cabía esperar, aunque la
aplicación tópica de una solución al 50% produce una lesión
subperineural localizada significativa (32, 49).
SALES DE AMONIO
La primera utilización de estas sales para el
alivio prolongado del dolor se realizó en 1935 por Judovich,
quien administró un extracto destilado de la planta Sarracenia
purpúrea para el tratamiento de determinadas neuralgias.
Posteriormente se descubrió que el ion amonio, en forma de
cloruro amónico o hidróxido de amonio era el componente activo
(31, 32).
Las sales de amonio producen, sobre el impulso
nervioso, una inhibición de los potenciales de acción de las
fibras C, con mínimos efectos sobre las fibras A. En estudios
clínicos se ha observado que concentraciones de sales de amonio
del 10% pueden conseguir una buena analgesia, respetando las
funciones motoras.
En algunos estudios se sugiere que la
inyección de sales de amonio cerca de los nervios periféricos
provoca una neuropatía degenerativa que afecta todas las fibras.
Su inyección es dolorosa, no debe utilizarse
en el espacio subaracnoideo. En los nervios periféricos se
emplea a concentraciones del 2-20%. En la actualidad se utiliza
muy raramente.
CLOROCRESOL
Es un neurolítico de gran potencia de acción,
tiene una amplia difusión por los tejidos, permite obtener
alivio del dolor en unas 24 horas. Como sucede con el fenol es
hiperbárico. Presenta como dificultad su mala localización en
el lugar exacto de su aplicación, lo que ha motivado que se
utilice cada vez menos. En el espacio subaracnoideo se usa a
concentraciones del 2%, mientras que en el espacio epidural se
utiliza al 5% (32).
NITRATO DE PLATA
Sólo debe emplearse a nivel intratecal, no
recomendandose su utilización en la región cervico-torácica.
Produce una reacción meníngea de severidad variable. Hoy día
su uso ha decaído notablemente. Tiene una intensa penetración,
permitiendo obtener alivio del dolor a los 5 días de su
aplicación (32, 48).
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