República Oriental del Uruguay   Hospital de Clínicas   Departamento y Cátedra de Anestesiología
Hospital de Clínicas "Dr. Manuel Quintela"
Facultad de Medicina - Universidad de la República
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Evaluación de la Función Respiratoria en el Paciente Candidato a Resección Pulmonar

Facultad de Medicina, Universidad de la República. Escuela de Graduados.

Departamento de Anestesiología.

Prof. Dr. Walter Ayala.

Evaluación de la Función Respiratoria en el Paciente Candidato a Resección Pulmonar.

Monografía.

Dr. Pablo castromán Espasandín.

Octubre, 1998.-

 

I. Introducción.

 

El dramático aumento de la incidencia de cáncer de pulmón coloca a esta enfermedad como el tipo de cáncer más frecuente en el mundo entero, con un altísimo índice de mortalidad. La resección pulmonar permanece como la única chance de curación, en particular en el carcinoma pulmonar a grandes células en estadíos 1 y 2 de la enfermedad. La sobrevida a largo plazo para el estadio 1 varía entre 52 a 78% a los cinco años, un 38 a 44% para el estadio 2, siendo controvertidos los resultados del tratamiento quirúrgico en estadio 3 (1). Sin embargo, el pronóstico del carcinoma broncógeno permanece sombrío, ya que un 75 a 85% de los pacientes no alcanzan los criterios de resecabilidad al momento del diagnóstico (2).

En el otro extremo, el tratamiento quirúrgico de estos pacientes no es inocuo. La resección pulmonar, dependiendo de su extensión, constituye una pérdida permanente de parénquima funcionante, que en personas por lo demás sanas, es habitualmente bien tolerado. Sin embargo, los pacientes coordinados para toracotomía con resección pulmonar no solo sufren del neoplasma y su repercusión, sino que con extremada frecuencia coexisten en ellos el hábito de fumar (actual y/o pasado), la edad avanzada, así como grados variables de Obstrucción Crónica al Flujo Aéreo (EPOC) y Cardiopatía Isquemica. Estos factores sumados a la entidad del acto anestésico-quirúrgico, ponen a estos enfermos en una población de alto riesgo de sufrir complicaciones postoperatorias (incluida la muerte) y/o grados de incapacidad respiratoria inaceptables.

A pesar de los avances en las técnicas quirúrgicas, manejo anestesiológico y cuidados postoperatorios, los índices de morbilidad y mortalidad asociados a la resección pulmonar permanecen elevados. Los rangos de mortalidad oscilan entre 2 y 12% y de complicaciones entre 7 y 50% según las series (1). La gran mayoría de las complicaciones observadas por los distintos autores son cardio-respiratorias. Entre las complicaciones respiratorias más frecuentemente señaladas en la literatura se destacan: neumonía, atelectasia, insuficienca respiratoria, ventilación mecánica prolongada. Dentro de las cárdiacas: arritmias supra y ventriculares, infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardíaca izquierda y Cor pulmonale agudo (3). Estas complicaciones y otras, no cardiorespiratorias pueden determinar la muerte del paciente en el postoperatorio. Ahora, de acuerdo con Gass y Olsen :

"¿ cual es la mortalidad quirúrgica aceptable en una enfermedad cuya mortalidad es 100% si no es tratada quirúrgicamente?(4). Es durante el preoperatorio del paciente donde los esfuerzos deben ser dirigidos a contestar esta pregunta, a través de la participación de un equipo multidisciplinario, que debe incluir, no tenemos duda, al anestesiólogo.

De acuerdo con Peters, Clausen y Tisi: "la morbilidad y mortalidad de los pacientes coordinados para resección pulmonar por cáncer debe ser analizada en términos de la continuidad del manejo clínico, que comienza con la evaluación clínica preoperatoria, se extiende al manejo intraoperatorio y se acompasa con los cuidados postoperatorios"(5).

Dos problemas críticos deben tenerse en cuenta en este contexto: la capacidad del paciente de sobrevivir al stress físico asociado a esta cirugía, que se conoce con el término de "operabilidad" y la cantidad de tejido pulmonar que es posible resecar sin convertir al paciente en un "invalido pulmonar". Este concepto puede incluirse en el término clásico de "resecabilidad", habitualmente referido a la extensión anatómica del tumor (estadificación), en este caso utilizado en un sentido funcional (2).

La estadificación preoperatoria es extremadamente importante ya que la evaluación clínica y paraclínica permitirá en la mayor parte de los casos determinar la extensión lesional y por ende la extensión de la resección pulmonar. Sin embargo," la selección final del procedimiento quirúrgico específico tiene lugar en el momento de la exploración operatoria, pero la extensión de la resección debe ser cuidadosamente planeada en el preoperatorio, dependiendo del estado de la función cardiovascular y respiratoria del paciente" (6).

Desde el punto de vista funcional surgen entonces dos preguntas a contestarse en el momento de la evaluación preoperatoria. Primero: ¿tiene el paciente una reserva funcional suficiente que le permita tolerar una cirugía mayor? Y segundo: ¿ la disminución postoperatoria de la función respiratoria luego de la resección es aceptablemente baja?

Con el fin de responder a estas preguntas se ha desarrollado una amplia gama de estudios funcionales, como los Test de Función Pulmonar, medida de parámetros hemodinámicos por técnicas invasivas, métodos de evaluación de la función cardíaca, predicción de la función postoperatoria por distintos métodos. Las Pruebas de Tolerancia al Ejercicio han tomado progresivo relieve desde los estudios iniciales de Eugene en 1982 (7), siendo numerosos los autores que las proponen como predictores de morbimortalidad postoperatoria.

Es el objetivo de esta monografía estudiar el desarrollo y estado actual de la técnicas de evaluación funcional respiratoria en el candidato a resección pulmonar, así como discutir los principales factores que inciden en el resultado final de dicho procedimiento quirúrgico. Para ello se realizará una revisión bibliográfica y se analizarán casos clínicos evaluados a través de las técnicas disponibles en nuestro medio.

 

 

  1. Efectos de la anestesia sobre la función respiratoria

 

El manejo anestesiológico afecta el resultado final del procedimiento quirúrgico en la medida que el anestesiólogo participa en la evaluación y tratamiento preoperatorio, desarrolla una técnica anestésica en el intraoperatorio, planifica las técnicas de analgesia y participa en los cuidados postoperatorios inmediatos. La técnica anestésica, cualquiera sea esta, afecta la función respiratoria tanto desde el punto de vista de la mecánica respiratoria como del intercambio gaseoso (8). Por otra parte es conocido el efecto que la anestesia y la cirugía tiene sobre los mecanismos defensivos del sistema respiratorio (9). Si bien en la mayoría de los pacientes estos cambios son transitorios y no desencadenan complicaciones respiratorias postoperatorias no ocurre lo mismo en los pacientes con enfermedad respiratoria subyacente. Las complicaciones respiratorias luego de la cirugía son la causa más frecuente de morbimortalidad postoperatoria. Estas complicaciones están estrechamente relacionadas con dos factores mayores: la topografía de la incisión quirúrgica (torácica o abdominal superior) y la presencia de enfermedad respiratoria subyacente, con más frecuencia obstrucción crónica al flujo aéreo (EPOC) (10). En algunos estudios, pacientes con función respiratoria anormal demostrable por distintos métodos, tienen un índice de complicaciones que alcanza hasta 70%, en comparación con un 3% en pacientes normales (10). Estos índices pueden reducirse hasta un 20% si se realiza una cuidadosa preparación preoperatoria, para lo cual, obviamente, es necesario reconocer a los pacientes de riesgo aumentado (10).

La mayoría de las complicaciones respiratorias son extensión o están relacionadas directa o indirectamente con los efectos de la anestesia y cirugía sobre la función pulmonar.

El volumen pulmonar de reposo o capacidad residual funcional (CRF), es reducido durante la anestesia. El promedio de reducción es de 0.4 a 0.5 litros lo que corresponde alrededor de un 20% de la CRF del paciente despierto en decúbito dorsal. Esta reducción se produce tanto con la anestesia inhalatoria como intravenosa, sin observarse una disminución mayor luego de la relajación muscular(8).

Estos efectos sobre la CRF están relacionados con cambios producidos en la configuración toracoabdominal. Un desplazamiento cefálico del diafragma junto con una reducción del área transversal del tórax es encontrado por Hedenstierna y col. (11) en pacientes anestesiados y curarizados utilizando tomografía computada de tórax. Estós cambios se acompañan de un desplazamiento de sangre desde el tórax al abdomen (12).

La complacencia pulmonar se reduce durante la anestesia general (8) Estos cambios son multifactoriales incluyendo cambios producidos a nivel de la caja torácica y del parénquima pulmonar (8). Estudios recientes demuestran la formación de atelectasias durante la anestesia así como alteraciones a nivel de las propiedades del surfactante pulmonar, para explicar los cambios en las propiedades elásticas pulmonares observadas durante la anestesia (13,14). Usando tomografía computada distintos autores demuestran el desarrollo de atelectasias en 90% de los pacientes sometidos a anestesia general tanto en ventilación espontánea como en individuos curarizados (13,15,16). Interesante es el hallazgo de que la incidencia de atelectasias por efecto de la anestesia no aumenta con la edad del paciente, aumentando levemente en los obesos (17). Estas atelectasias pueden ser

disminuídas o evitadas con el uso de presión positiva al final de la espiración (PEEP) y evitando el uso de altas concentraciones de oxígeno inspirado, siempre que esto último sea posible (8).

Los mecanismos sugeridos para explicar las atelectasias son fundamentalmente dos: la pérdida del tono muscular del diafragma por la anestesia y la curarización, que permite que la mayor presión abdominal se transmita al tórax, y la denitrogenación pulmonar por el uso de altas fracciones inspiradas de oxigeno (8). La formación de atelectasias es el principal factor para explicar las alteraciones en el intercambio gaseoso que se observan durante la anestesia y parte importante de los mecanismos para explicar la frecuente incidencia de hipoxemia postoperatorio(8).

Otro factor que participa en las alteraciones del intercambio gaseoso y en la formación de atelectasias durante la anestesia es el colapso dinámico de la vía aérea. Se ha observado una disminución de la capacidad de cierre de la vía aérea, esto es, el volumen pulmonar en el cual se produce colapso de vía aérea. Sumado esto a la disminución de la CRF observado durante la anestesia, se produce cierre dinámico de la vía aérea, con el consiguiente alteración de la relación ventilación-perfusión (V/Q). Estos cambios son más marcados en pacientes añosos. Dicho colapso dinámico de la vía aérea puede favorecer la formación de atelectasias (8).

Durante la anestesia existen así mismo alteraciones del intercambio gaseoso, vinculados a disbalance de la relación V/Q, que van desde disminución de dicha relación hasta el shunt (V/Q=0). Las áreas con bajo V/Q se deben fundamentalmente al colapso dinámico de la vía aérea por la disminución de la capacidad de cierre, mientras que el shunt se asocia a la formación de atelectasias. Estan alteraciones explican la hipoxemia observada durante o luego de la anestesia, relacionada con un aumento de la admisión venosa de 8 a 10% aproximadamente. Además la inhibición de la vasoconstricción pulmonar hipóxica en la anestesia inhalatoria contribuye aumentando la admisión venosa, efecto que no se observa con la anestesia intravenosa total. Estas alteraciones del intercambio gaseoso son más marcadas en añosos, fumadores, portadores de enfermedad pulmonar subyacente y obesos. Al parecer es el cierre dinámico de la vía aérea con el descenso de la relación V/Q, el principal mecanismo para explicar las mayores alteraciones en los añosos (8).

A estos mecanismos cabe agregar la alteración de los mecanismos defensivos de la vía aérea producidos por la intubación orotraqueal, la administración de gases no acondicionados, la disminución de los volúmenes pulmonares y el dolor postoperatorio, lo que reduce el clearence mucociliar y altera el mecanismo de la tos (9).

La extensión al postoperatorio de estas alteraciones respiratorias, principalmente en pacientes de riesgo aumentado, contribuyen en buena medida a la elevada incidencia de complicaciones respiratorias en cirugía de resección pulmonar (8).

III. Evaluación Preoperatoria : Predicción de morbildad y mortalidad asociada a resección pulmonar.

Riesgo es la probabilidad que tiene un individuo o población de sufrir daño en la salud (enfermarse o morir) (18). Factor de riesgo se define como cualquier característica o circunstancia detectable en un individuo o grupo de personas capaz de aumentar la probabilidad de experimentar daño en la salud de los mismos. La importancia de evaluar los factores de riesgo es principalmente la posibilidad de actuar sobre ellos (siempre que sean modificables; Ej: consumo de cigarrillos) de manera de evitar o reducir la posibilidad de daño (18). Además permite conocer el riesgo de un procedimiento dado y sopesar el mismo con los beneficios que se esperan obtener.

El riesgo en cirugía de resección pulmonar es la probabilidad de sufrir complicaciones intra y postoperatorias, incluida la muerte del paciente. Evaluar el riesgo en este caso estará destinado: primero, a detectar factores que puedan predecir la morbi-mortalidad de la resección pulmonar, de manera de actuar sobre ellos si es posible y, segundo, establecer cual es el riesgo "aceptable" de un procedimiento con pretensión curativa de una enfermedad 100% mortal si no se opera, como es el cáncer de pulmón.

La mortalidad operatoria de la resección pulmonar curativa oscila entre 7.4 a 11.6% (19). Estudios recientes realizados por Deslauriers y col. encuentran una mortalidad de solo 3.8%, pero una alta morbildad, de 27% luego de resección de cáncer pulmonar (20).

Las complicaciones pulmonares son la mayor causa de morbilidad y mortalidad luego de toracotomía. Busch y col. en su serie de 106 pacientes sometidos a toracotomía encuentran una incidencia de 39% de complicaciones respiratorias y un 6% de mortalidad global. De las muertes ocurridas un 50 a 70% se relacionaron con complicaciones pulmonares principalmente insuficiencia respiratoria y neumonía. La extensión de la cirugía (Neumonectomía vs Lobectomía) influyó sobre la aparición de complicaciones y muerte (1). Smith y col. encuentran complicaciones en aproximadamente 50% de los pacientes siendo la neumonía la complicación más frecuente en su serie (19).

Miller en un análisis retrospectivo de 2340 pacientes en los que se realizó toracotomía con o sin resección pulmonar, encuentra una mortalidad global postoperatoria de 0.64%. En el grupo luego de toracotomía sin resección la mortalidad fue de 0.59%. Las causas de muerte fueron el tromboembolismo pulmonar, el infarto de miocardio y la insuficiencia respiratoria. En el grupo de pacientes con toracotomía y neumonectomía la mortalidad fue de 4.97%. Las causas de muerte fueron: edema pulmonar post-neumonectomía, embolismo pulmonar e infarto agudo de miocardio. La mortalidad postoperatoria luego de lobectomía fue de 0.39%. El distrés respiratoiro fue la causa de muerte más importante en este grupo. El autor destaca la importancia de la extensión de la resección pulmonar en el resultado final del procedimiento quirúrgico así como la adecuada selección del paciente a través de los estudios de función pulmonar y estimación de la función pulmonar post-resección (6) .

En la serie de Kearney, de 331 pacientes sometidos a toracotomía con resección pulmonar de variada extensión, se registro una mortalidad asociada a estos procedimientos menor de 1% y un índice de complicaciones médicas de 17%. El autor atribuye los bajos índices de morbi-mortalidad hallados a múltiples factores, entre ellos la selección de los pacientes a través de la evaluación preoperatoria pulmonar, a la capacitación del equipo técnico actuante, destacando la aplicación de medidas en el postoperatorio destinadas a prevenir las complicaciones pulmonares: ingreso a cuidados intermedios, fisioterapia respiratoria, broncoespirometría incentivada, adecuado control del dolor y deambulación precoz(3).

Markos y col. en un estudio prospectivo de 55 pacientes sometidos a resección pulmonar, encuentran que en 16 de 53 pacientes se produjeron complicaciones pulmonares (8 neumonectomías, 7 lobectomías, una toracotomía sin resección).La muerte ocurrió en 5.7% del grupo entero, siendo la mortalidad de 16% para el grupo sometido a neumonectomía. La causa de muerte fue en todos los casos la insuficiencia respiratoria a pesar de la intubación y ventilación mecánica postoperatoria. Dos pacientes presentaron insuficiencia respiratoria transitoria asociada a neumonía en un caso y atelectasia en el otro. Como veremos más adelante en detalle, los autores concluyen que las complicaciones cardiorespiratorias incluyendo la muerte y la insuficiencia respiratoria luego de resección pulmonar pueden ser predictas a través de la evaluación preoperatoria de la función pulmonar y de la contribución funcional del parénquima a resecar a través de la centellografía pulmonar (21).

Distintos factores son citados por la literatura como predictores de morbilidad y mortalidad postoperatoria luego de resección pulmonar, existiendo resultados conflictivos en muchos de los estudios realizados. Son factores propuestos: edad, sexo, tabaquismo, extensión del procedimiento y enfermedad pulmonar o cardiovascular subyacente evaluada a través de distintos métodos (radiología de tórax, pruebas de función pulmonar, evaluación hemodinámica, electrocardiograma, ergometría, etc.). Gran interés se ha desarrollado en relación a la estimación de la función pulmonar postoperatoria y en las pruebas de tolerancia al ejercicio como predictores de morbimortalidad postoperatoria y como métodos de detección de pacientes de alto riesgo candidatos a resección pulmonar. A continuación se realizara un análisis de los factores y métodos de evaluación de la fisiología cardio-respiratoria arriba señalados.

Edad

La edad avanzada se asocia a complicaciones postoperatorias luego de resección pulmonar. Bates encuentra altas cifras de mortalidad en pacientes mayores de 70 años sometidos a neumonectomía, pero no a lobectomía (22). Varios autores confirman el límite de edad de 70 años como factor de riesgo independiente en cirugía de resección pulmonar (2). Kroenke y col encuentran una mayor incidencia de complicaciones respiratorias y cardiovasculares en pacientes mayores de 70 años que en menores de esa edad (56% vs 31%) (23). Busch y col. en cambio no confirman estas afirmaciones (1).

Basado en numerosos estudios Bolliger concluye que la edad mayor de 70 años debe considerarse un factor de riesgo independiente en cirugía de resección pulmonar, pero dicho riesgo se relaciona según el autor a la mayor frecuencia de enfermedad subyacente en este grupo. De acuerdo con esto el paciente añoso en buen estado de salud no debe ser excluido como candidato a resección exclusivamente por su edad (2).

Tabaquismo

El consumo de cigarrillos ha sido asociado a mayor incidencia de complicaciones respiratorias en cirugía general, vascular y cardíaca. Esta mayor incidencia estaría además relacionada con la entidad del consumo (número de paquetes y años de consumo). Se cree que dicho riesgo se reduce si el paciente deja de fumar 8 semanas antes. Estudios previos en pacientes coordinados para cirugía de by-pass coronario han indicado una reducción de la incidencia de complicaciones postoperatorias en pacientes que dejan de fumar 2 meses antes de la operación comparados con aquellos que abandonan el hábito de fumar más cercanamente al acto quirúrgico (24). Busch y col, encuentra en su serie que el número de cigarrillos consumidos por año tiene un significado aproximativo en la predicción de complicaciones pulmonares en cirugía de resección pulmonar. Sin embargo no observó una reducción de la morbilidad postoperatoria en relación al cese de consumo de cigarrillos en cualquier momento del período preoperatorio (1).

Kearney y col., encuentran una mayor incidencia de complicaciones postoperatorias en pacientes con historia de tabaquismo (actual o pasado). Sin embargo la incidencia de complicaciones no fue mayor en pacientes que fumaron hasta la noche previa a la cirugía en comparación con aquellos que abandonaron el consumo de cigarrillos días previos a la operación (3).

Los fumadores tienen niveles significativamente más altos de carboxihemoglobina que los no fumadores, en un rango entre 3 y 15% (24).

Los efectos de la carboxihemoglobina son: la reducción de la hemoglobina disponible para el transporte de oxigeno y una desviación hacia la izquierda de la curva de saturación de la hemoglobina, todo lo que determina una reducción del aporte tisular de oxígeno. Los pacientes con mayor riesgo de tener niveles más altos de carboxihemoglobina son aquellos pacientes que fuman hasta la noche previa de una cirugía coordinada en las primeras horas de la mañana. Por lo tanto es recomendación dejar de fumar por lo menos 12 a 18 horas antes de la operación de manera de cumplir con 3 vidas medias de eliminación de la carboxihemoglobina del plasma (24).

A pesar de los resultados conflictivos acerca de la relación entre consumo de cigarrillos en el preoperatorio y el desarrollo de complicaciones postoperatorias parece prudente suspender el hábito de fumar en el paciente, lo antes posible a la intervención quirúrgica.

  1. Pruebas de Función Pulmonar

Las pruebas de función pulmonar tienen un lugar indiscutido en la evaluación preoperatoria de los pacientes coordinados para resección pulmonar, utilizándose de rutina en estos pacientes. Tienen como objetivo identificar, en aquellos pacientes portadores de cáncer de pulmón, la presencia de enfermedad pulmonar subyacente, su afectación funcional (mecánica y del intercambio gaseoso), la severidad de la misma, la presencia de factores modificables en el preoperatorio (Ej:broncoespasmo), de manera de identificar a pacientes de riesgo elevado de sufrir complicaciones o muerte en el postoperatorio. Como veremos más adelante también son útiles para realizar el cálculo de la función pulmonar prevista luego de resección pulmonar. Constituyen la primera etapa de estudio de los pacientes en los cuales se plantea la resección curativa del cáncer pulmonar detectando pacientes de alto riesgo, en los cuales serán necesarios otros estudios más específicos y sensibles para predecir riesgo.

Las pruebas de función pulmonar incluyen: la Espirometría Clínica, la Máxima Ventilación Voluntaria al minuto (MVV) el Estudio de los Volumenes Pulmonares, la prueba de Difusión de Monóxido de carbono (DL,CO) y la Gasometría Arterial.

Espirometría Clínica

La evaluación funcional de un paciente con enfermedad pulmonar tiene con punto de comienzo el estudio espirométrico. Este es un estudio sencillo, no invasivo y de bajo costo que brinda amplia información sobre la enfermedad desde el punto de vista funcional. Se utilizan para su realización espirómetros de distinto tipo, siendo los más corriente los de volumen (Ej. espirómetro de campana) y los de flujo (neumotacografía). La prueba consta de dos partes: las maniobras lentas y las maniobras forzadas (25).

El registro de las maniobras lentas permite la medida de la Capacidad Vital (CV), Volumen Corriente (Vc) y Volumenes de Reserva Inspiratoria (VRI) y Espiratoria (VRE) (Figura1).

El registro de la maniobras forzadas permite la medida de la Capacidad Vital Forzada (CVF), del Volumen Espirado en el primer segundo de la CVF (VEF1), el Flujo Espiratorio entre el 25 y 75% de la CVF (FEF25-75, en L/seg.) y el cálculo de la relación entre el VEF1 y la CVF (VEF1/CVF, expresado en porcentaje) (Figura 2). El análisis de la curva flujo-volumen espiratorio permite la medida de Flujo Máximo Espiratorio (Fmax), Flujo al 75,50 y 25% de la CVF (FEF25, 50 y75), todos expresados en L/seg (25) (Figura 3).

El valor normal en cada caso se calcula a través de ecuaciones de regresión, que tienen en cuenta la edad, el sexo y la talla del paciente. Los resultados se expresan en valores absolutos (litros o litros/seg.) y como porcentaje del valor calculado para el paciente (25).

Figura 1: Espirometría lenta normal.

 

Figura 2: Espirometría forzada normal.

En líneas generales, un individuo normal elimina el 80 a 85% de la CVF en el primer segundo de una espiración forzada. La relación VEF1/CVF se relaciona de modo inverso con la edad y se acepta el valor de 70% como límite inferior de lo normal. La CV y la CVF se consideran descendidas cuando son inferiores al 80% del valor calculado como normal para el paciente (25).

El patrón espirométrico restrictivo se sospecha cuando existe una disminución de la CV, disminución de los flujos forzados con una relación VEF1/CVF normal o aumentada (25). Debe confirmarse con el estudio de los volumenes pulmonares, que mostrará una disminución de la Capacidad Pulmonar Total (CPT).

El patrón espirométrico obstructivo se caracteriza por los siguientes datos: disminución del VEF1 y de la relación VE F1/CVF, esta última por debajo de 70%. En la curva flujo-volumen se observa una disminución de todos los flujos (Figura 4). El grado de severidad del patrón de obstrucción bronquial se evalúa a través del VEF1, siendo leve entre 70 y 79% del valor calculado como normal, moderado entre 60 y 69%, moderadamente severo entre 50 y 59% , severo entre 34 y 49 % y finalmente muy severo por debajo de 34% (26,27) (tabla 1).

 

Tabla1. Clasificación del grado de obstrucción bronquial en función del valor de VEF1 expresado en porcentaje del valor normal.

 

 

VEF1 % del normal
Variación fisiológica 79-99
Leve 70-79
Moderada 60- 69
Moderadamente severa 50-59
Severa 34-49
Muy severa < 34

 

Figura 3: Curva Flujo-Volumen Normal.

 

Figura 4: Curva Flujo-Volumen: Normal, Restrictivo y Obstructivo.

 

El patrón espirométrico obstructivo es el que se ve con más frecuencia en los candidatos a resección pulmonar por cáncer de pulmón, debido a la presencia en ellos de grados variables de obstrucción crónica al flujo aéreo por bronquitis crónica y enfisema (24).

Otro dato importante que se obtiene de la espirometría es el papel del broncoespasmo en la obstrucción al flujo aéreo, a través de la prueba con broncodilatadores. Si los flujos espiratorios mejoran significativamente pero persisten por debajo de la normalidad, existe una obstrucción fija de la vía aérea con cierto grado de broncoconstricción, respuesta típica de los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Se define respuesta positiva o significativa a los broncodilatadores cuando se obtienen incrementos de la CVF y del VEF1 de por lo menos 12% (o 200ml) luego de la administración del fármaco (26,27).

La espirometría permite junto con otros estudios evaluar la pequeña vía aérea, que puede afectarse con la pérdida de las fuerzas de retroceso elástico pulmonar que se asocia al enfisema. Se ha sugerido que el FEF25-75 y los flujos terminales de la curva flujo-volumen están determinados por el calibre de la vía aérea periférica, por lo cual un descenso de dichos flujos sería manifestación de obstrucción de este sector del árbol bronquial (25) (figuras 3 y 4).

Estudios iniciales sugirieron a la capacidad vital como parámetro de operabilidad en cirugía de resección pulmonar, siendo aceptable por encima de 2 litros (2, 24). La CV ha sido sustituido como parámetro de operabilidad por el VEF1. Buoshy y col. plantea como segura una neumonectomía si el VEF1 es mayor de 2 L y Wernly y col. sugieren un VEF1 mayor de 1.5 litros para una lobectomía (4,28). Estos autores plantean un valor de VEF1 mayor de 2 litros para neumonectomía y estimando una disminución de la función pulmonar de un 50% luego de este procedimiento, calculan un VEF1 postoperatorio predicto de 1 litro, como límite para neumonectomía (28). Loddenkemper y col.s. por su parte plantean valores mayores de 2.5 L para neumonectomía, 1.75 litros para lobectomía y 1.5 L para segmentectomía (29).

Olsen y Block , en un estudio clásico comparando las pruebas pulmonares estándar con la oclusión temporal unilateral de la arteria pulmonar (TUPAO) y el cálculo de la función postoperatoria por centellografía, como métodos para definir operabildad en candidatos a resección, recomiendan como criterios para neumonectomía un VEF1 mayor de 2 litros y un índice VEF1/CVF mayor de 50%. Incluyen dentro de las pruebas de función pulmonar la MVV, sugiriendo un valor mayor a 50% del calculado como normal, y el estudio de los volúmenes pulmonares tomando como seguro un índice VR/CPT menor del 50% (4,24). La TUPAO y el centellograma pulmonar se analizaran más adelante, como estudio para predicción de función postoperatoria y tolerancia a la resección.

Recientemente Miller sugiere como seguros valores de VEF1 mayores de 2 litros para neumonectomía, 1litro para lobectomía y 0.6 litros para resecciones en cuña (6) (tabla2).

 

Tabla2. Función pulmonar aceptable para resección pulmonar. (Modificado de, Miller JI. Physiologic evaluation of pulmonary function in the candidate for lung resection. J. Thorac. Cardiovasc. Surg. 1993; 105:347-352).

 

PFP Normal Neumonectomía Lobect. Resec. en cuña Inoperable
MVV(%) > 80 > 55 > 40 > 35 < 35
VEF1(L) > 2 > 2 > 1 > 0.6 < 0.6
FEF2575(L). > 1.6 > 1.6 > 0.6 < 0.6 < 0.6

PFP, pruebas de función pulmonar, MVV, máxima ventilación voluntaria.

 

Pate y col. expresa los valores de VEF1 como porcentaje del calculado. Para resección pulmonar recomienda valores mayores al 40% o 1.6 litros, sin especificar la extensión de resección posible para dichos valores (30).

Si bien la espirometría permite una primera aproximación a los pacientes de alto riesgo de morbimortalidad postoperatoria luego de resección pulmonar, la mayor parte de los autores están de acuerdo en que ninguno de los parámetros analizados contraindican por si solos la resección pulmonar ya que en general fallan como predictores de complicaciones postoperatorias , siendo necesarios otros estudios de evaluación funcional, destacándose aquellos que permiten estimar la función pulmonar postoperatoria y las pruebas de tolerancia al ejercicio.

 

 

Estudio de los Volúmenes Pulmonares

 

El estudio de volúmenes pulmonares permite conocer aquel volumen que permanece en los pulmones luego de una espiración máxima, esto es el Volumen Residual (VR). Los métodos disponibles permiten medir la Capacidad Residual Funcional (CRF). A partir de esta y conociendo los demás volúmenes por la espirometría clínica es posible el cálculo del VR y la Capacidad Pulmonar Total (CPT). El primero surge de restar el VRE a la CRF, la segunda de sumar todos los volúmenes (31) (figura1).

Las técnicas más utilizadas para realizar la medida de los volúmenes pulmonares son las que utilizan gases inertes, como la dilución de helio en circuito cerrado y el lavado de nitrógeno en circuito abierto y la restante la pletismografía corporal.

La resección pulmonar es el ejemplo más claro de reducción de los volúmenes pulmonares. La neumonectomía derecha genera una reducción de un 55% de la CRF, VR y CPT, mientras la izquierda un 45% de dichos volúmenes (31).

El papel principal del estudio de los volúmenes pulmonares en el candidato a resección es evaluar la presencia de hiperinsuflación pulmonar como un potencial factor de riesgo de complicaciones. En este sentido, un estudio reciente realizado por Kroenke, encuentra la hiperinsuflación pulmonar como un factor de riesgo independiente de morbimortalidad postoperatoria luego de resección. Este autor utiliza la radiografía simple de tórax como método de diagnóstico (23).

La hiperinsuflación pulmonar se confirma a través del estudio de los volúmenes, por un incremento de la CRF, VR y CPT por encima del 120% de los valores calculados para el paciente junto con un aumento de la relación VR/CPT. El VR por otra parte aumenta con la edad, ocurriendo lo mismo con el VR/CPT. Este último a los 20 años es aproximadamente 25% y a los 80 años 45% (31). Al igual que el patrón obstructivo es posible clasificar la hiperinsuflación en grados de severidad, de acuerdo a la CPT. Entre 121 y 134%, es leve, entre 135 y 149 moderada y mayor de 149% es severa (26,27) (tabla 3).

 

 

Tabla 3. Grados de severidad de hiperinsuflación pulmonar.

 

CPT % del normal
Normal hasta 120
Leve 121-134
Moderada 135-149
Severa mayor de 149

 

 

El estudio de los volúmenes es poco utilizado para determinar operabilidad en candidatos a resección pulmonar. Olsen lo incluye dentro de los criterios de operabilidad, estableciendo alto riesgo con valores de VR/CPT mayores de 50% (4,24).

 

Máxima Ventilación Voluntaria

La Máxima Ventilación Voluntaria (MVV) es el volumen que puede respirar un individuo en condiciones de máximo esfuerzo voluntario, en un minuto (10). Se instruye al paciente para que respire lo más rápido y profundo que pueda durante 12 segundos en un espirómetro, extrapolándose la medida obtenida a un minuto, expresándose en litros por minuto. Dado que altos flujos se desarrollan durante la maniobra, la MVV se reduce en pacientes con resistencia de la vía aérea aumentada, como en la bronquitis crónica, teniendo buena correlación con el VEF1 (10). Otros factores afectan la MVV, como las propiedades elásticas pulmonares y torácicas, la fuerzas musculares, la coordinación y motivación del paciente. Valores anormalmente bajos (por debajo del 80% del calculado para el paciente) no identifican anormalidades específicas, pudiendo detectar alteraciones groseras de la función pulmonar (10). Nuevamente, Olsen lo incluye como criterio de operabilidad para neumonectomía, siendo adecuado para este procedimiento valores por encima de 50% del calculado (4,24).

 

 

 

Gasometria arterial

 

La medida de los gases sanguíneos a través de la gasometría arterial es, desde hace mucho tiempo, parte rutinaria de la evaluación preoperatoria en pacientes coordinados para cirugía de resección pulmonar.

La misma nos permite documentar la presencia de insuficiencia respiratoria, la severidad de la hipoxemia, la presencia de hipercapnia y evaluar el mecanismo de estas alteraciones funcionales (32,33,34).

Dada la alta frecuencia de pacientes EPOC portadores de cáncer de pulmón, la hipoxemia es, sino la regla, la alteración gasométrica observada con más frecuencia (24). La misma se debe a desequilibrio en la relación V/Q. La diferencia alveolo-arterial de oxígeno (DA-aO2) se encuentra elevada y se corrige con la administración de oxígeno a concentraciones altas (Test de la Hiperoxia) (32-34). En estos pacientes, la administración de O2 al 100% produce denitrogenación casi completa que permite alcanzar valores altos de PaO2, próximos a los 500 mmHg. Este hecho refleja la poca importancia del shunt como determinante de la hipoxemia en estos enfermos. A pesar de ello la hiperoxia provoca una alteración de la situación funcional pulmonar al inducir liberación de la vasoconstricción pulmonar hipóxica. En consecuencia, la administración de altas concentraciones de O2 agrava los trastornos V/Q subyacentes al derivar parte del flujo sanguíneo pulmonar hacia áreas mal ventiladas. En aumento en la PaO2 obtenido se debe exclusivamente al aumento en la fracción inspirada de O2. A diferencia de los pacientes con lesión pulmonar aguda, la respiración con O2 al 100% no induce en estos pacientes la formación de atelectasias por reabsorción, y por lo tanto no aumenta el shunt. Ello sugiere que la ventilación colateral impide que la obstrucción de la vía aérea sea funcionalmente completa (33).

En los pacientes EPOC, cuando la enfermedad es avanzada, la extensión del desequilibrio V/Q determina una alteración en la eliminación pulmonar de CO2 y lleva a hipercapnia crónica (32-36). La retención de CO2 estimula quimioreceptores centrales y periféricos, con la consiguiente hiperventilación y aumento del volumen minuto. El aumento de las áreas con V/Q disminuido, determina una mayor ventilación de áreas con V/Q alto, aumentando el espacio muerto fisiológico (Vd) y la relación de esta con el volumen corriente (Vd/Vc) (32-36). El aumento de esta relación por encima de 0.6 en reposo y la no disminución o aumento durante el ejercicio, implica una marcada disminución de la reserva respiratoria (32).

Sin restarle importancia a la medida de los gases sanguíneos en reposo en la evaluación funcional respiratoria de candidatos a resección pulmonar, el valor de la misma para determinar operabilidad en estos pacientes es limitado. Esto es aún más cierto si tenemos en cuenta que en algunos pacientes la zona a resecar puede ser asiento de marcado disbalance V/Q o shunt y por lo tanto comprometer poco el intercambio gaseoso luego de su resección (24).

 

Sin embargo algunos autores como Nagasaki y col., establecen como alto riesgo para resección pulmonar valores de PaO2 por debajo de 60 mmHg (37). Olsen y col. incluyen como criterio de operabilidad para neumonectomía una PaO2 mayor de 45 mmHg luego de la oclusión de la arteria pulmonar durante el ejercicio moderado (4,24) (tabla 4).

 

Tabla 4. Criterios de operabilidad de Olsen y col. (1975) (modificado de Gal, TJ. Anaesthesia for the patient with lung disease. Bailliere’s Clinical Anaesthesiology. 1996; 10:63-76).

 

MVV (% del normal) > 50%
VEF1 (L) > 2L
VEF1/CVF (%) > 50%
VR/CPT (%) < 50
VEF1 Postop. Pred. (L) > 0.8L
PAP (mmHg) < 35
PaO2 en oclusión o ejercicio (mmHg) > 45

 

 

Mayor importancia se ha prestado a la PaCO2 como medio para identificar pacientes de alto riesgo luego de resección pulmonar. Nagasaki y col. establecen valores por encima de 50 mmHg como indicadores de alto riesgo, mientras que Morice utiliza para seleccionar pacientes valores mayores a 45mmHg. (37,38). Sin embargo este último autor encuentra que los pacientes con PaCO2 mayor a 45 mmHg con una prueba de tolerancia al ejercicio aceptable pueden ser sometidos a lobectomía con seguridad (38). En el estudio de Kearney, una PaCO2 mayor de 45 mmHg no resulto un factor de riesgo independiente de morbimortalidad postoperatoria en cirugía de resección pulmonar (3).

Olsen atribuye a los estudios de Morice y Kearney la virtud de "romper la barrera de la hipercapnia" y concluye que la gasometría y en particular la PaCO2 como parámetro de ventilación alveolar, es útil para determinar poblaciones de riesgo elevado de morbimortalidad en resección pulmonar, pero ningún valor gasométrico excluye de por sí la indicación quirúrgica en cáncer de pulmón (39).

 

 

Capacidad de Difusión del Monóxido de Carbono.

 

La medida de la capacidad de difusión del monóxido de carbono (DLCO) indica la cantidad de dicho gas que atraviesa la barrera hemato-gaseosa por unidad de tiempo en respuesta a una diferencia de presiones parciales entre el alvéolo y la sangre capilar. Esta constituye una evaluación de los factores que afectan el proceso de difusión del oxígeno desde el alvéolo hasta su unión con la hemoglobina en el glóbulo rojo. Varios factores afectan este proceso, destacándose, por lejos, el volumen de sangre en el capilar pulmonar. Un incremento en el número de capilares perfundidos durante el ejercicio determina un incremento en la DLCO, mientras que la pérdida de unidades capilares que se observa con la edad y en enfermedades respiratorias crónicas obstructivas y restrictivas reduce la DLCO. Además esta medida varía de acuerdo al sexo, peso y altura, expresándose en porcentaje del valor normal, de acuerdo a ecuaciones de regresión. También es afectada por el hematócrito del paciente por lo que el resultado debe corregirse de acuerdo con este (40).

La medida de la DLCO por la técnica de la respiración única de CO fue sugerida tempranamente por Candler en 1963, quien consideró valores por debajo de 50% del normal calculado como contraindicación clara de resección pulmonar (2). Nagasaki y col. (1982) considera una DLCO menor de 50% del normal calculado como insuficiente para neumonectomía (37).

Ferguson y col., en un estudio retrospectivo de 376 pacientes sometidos a resección pulmonar, confirma sus hallazgos previos que muestran que la DLCO constituye un factor independiente con poder predictivo de mortalidad luego de resección pulmonar mayor (41). Además encuentra una mayor incidencia de complicaciones pulmonares y cardiovasculares en pacientes con disminución de la DLCO. Según el autor, la correlación entre estas últimas y la DLCO no sorprenden, ya que es conocido el aumento de las resistencias vasculares pulmonares que resulta de la resección pulmonar extensa. Esta última se relaciona con falla cardíaca derecha, contribuyendo en las cifras de mortalidad halladas por el autor en su serie. Un valor de DLCO por debajo 60% es considerado de riesgo por este autor, para resección pulmonar mayor (41).

Markos y col. incorporan el concepto de DLCO postoperatorio predicto en la evaluación de riesgo de resección pulmonar, que se analizara más adelante (21).

 

 

V. Evaluación de la Hemodinamia Pulmonar

 

Dado que una resección pulmonar extensa reduce el lecho vascular, es posible que el lecho pulmonar restante no sea capaz de adaptar el aumento del flujo sanguíneo resultando en una hipertensión arterial pulmonar inaceptable, que conduzca a sobrecarga y falla cardíaca derecha. Es teniendo en cuenta esta premisa que autores como Olsen, plantean la oclusión temporaria de la arteria pulmonar (TUPAO), como un método de evaluación que excluya de la resección pulmonar a un grupo de pacientes con elevado riesgo de hipertensión pulmonar y falla cardíaca derecha (4, 7,24,). Para su realización es necesario introducir en la arteria pulmonar del lado a resecar, un catéter con balón en su extremo. Al insuflar el balón en la arteria pulmonar homolateral, se produce un desplazamiento del gasto pulmonar hacia el pulmón contralateral, simulando desde el punto de vista hemodinámico lo que ocurre durante una neumonectomía. La prueba se realiza en reposo y durante el ejercicio, midiendo en ambas condiciones la presión en la arteria pulmonar contralateral al pulmón a resecar y los gases sanguíneos. De acuerdo a Olsen, una presión arterial pulmonar mayor de 35 mmHg luego de la TUPAO junto con una PaO2 menor de 45 mmHg durante el ejercicio, se considera inoperable, para neumonectomía (4,7,24) (tabla 4).

A pesar de su utilidad para determinar operabilidad, las dificultades técnicas y lo invasivo de la técnica han hecho que la misma halla caído en total desuso.

Sin embargo, la medida de variables hemodinámicas pulmonares, en reposo o durante el ejercicio moderado, sin TUPAO, aún son utilizadas.

Fee y col. investigaron 45 pacientes utilizando medidas hemodinámicas pulmonares a través de un catéter de Swan-Ganz en condiciones de ejercicio submáximo en estado estable, realizado en una bicicleta ergométrica. El gasto cardíaco y la presión arterial pulmonar fueron registradas durante la prueba y las resistencias vasculares pulmonares (RVP), calculadas. El autor encuentra que las cinco muertes producidas luego de resección pulmonar ocurrieron en aquellos pacientes con RVP mayor de 190 dinas. seg. cm-5. mientras que los pacientes que sobrevivieron presentaron cifras menores (7).

Los resultados de Olsen y col. en pacientes sometidos a ejercicio submáximo en los cuales se realizó medidas hemodinámicas invasivas contrastan con los de Fee y col. ya que no encuentran una incidencia mayor de complicaciones o muerte en aquellos pacientes con hipertensión pulmonar o RVP mayores de 190 dinas. seg. cm-5 (42).

Keller y col encuentran que aquellos pacientes con PAP mayor de 30 mmHg durante el ejercicio desarrollan hipertensión pulmonar luego de resección y Goerg y col establecen como aceptables para neumonectomía valores por debajo de 35 mmHg y por debajo de 40 mmHg para lobectomía (2).

Recientemente, Lewis sugiere el uso de la fracción de eyección del ventriculo derecho como parámetro de riesgo post-resección pulmonar (43).

Dado el carácter invasivo de las técnicas de valoración hemodinámica pulmonar estas se han dejado de lado en la evaluación rutinaria de pacientes de alto riesgo candidatos a resección pulmonar, tomando relieve el cálculo de la función postoperatoria predicta por distintas técnicas y las pruebas de tolerancia al ejercicio con cálculo del consumo de oxígeno (VO2) (2).

 

 

VI. Predicción de la Función Pulmonar Post-resección.

 

La pérdida de función es una consecuencia inevitable luego de una resección pulmonar. Esta se relaciona directamente con la extensión de parénquima a resecar y con la contribución que el mismo tiene sobre la función respiratoria total. Numerosas pruebas se han utilizado en el pasado y otras aún se utilizan, con el fin de estimar dicha contribución, predecir de esta manera la función pulmonar post-resección y evaluar el riesgo del procedimiento en pacientes con función pulmonar preoperatoria comprometida.

Una primera aproximación al problema fue el estudio de la función de cada pulmón por separado a través de la broncoespirometría, en pacientes coordinados para resección pulmonar por tuberculosis. Para ello es necesario la colocación de una sonda endotraqueal de doble luz, con el paciente en ventilación espontánea, registrando en ambos pulmones por separado la ventilación en reposo, capacidad vital, máxima ventilación voluntaria y consumo de oxígeno. Esta técnica presenta muchos inconvenientes, principalmente el disconfor que genera al paciente, además de las dificultades técnicas que implica la ventilación unipulmonar, por lo cual fue dejada de lado en la evaluación de candidatos a resección (4,24).

Otra prueba utilizada en los inicios fue la prueba del decúbito lateral, introducida por Bergan en 1960. Esta prueba se basa en los cambios en la captación de oxígeno que se produce en el paciente al cambiar la posición supina por el decúbito lateral, derecho e izquierdo, de manera que es posible calcular el porcentaje de la función total que aporta cada pulmón por separado. Si bien es una prueba sencilla y no invasiva (se mide a través de un espirómetro), existe gran variabilidad en sus resultados sobre todo en pacientes con enfermedad pulmonar, por lo que no es utilizada actualmente (4,24).

El desarrollo de la centellografía pulmonar desplazo a las pruebas antedichas en la estimación de la función pulmonar post-resección, al permitir conocer con mayor exactitud la contribución funcional relativa de cada pulmón. Desde la década del 70, la radioespirometría con xenón131 se utilizó para medir la función pulmonar diferencial. El material radioactivo se inyecta por vía endovenosa y debido a su baja solubilidad alcanza fácilmente los alvéolos, siendo posible medir la ventilación de cada pulmón por centellografía. Kristerson y col. compararon en 19 pacientes la función pre y postoperatoria luego de neumonectomía por este método, concluyendo que la función pulmonar predicta por el mismo es comparable a la obtenida por broncoespirometría (4,24).

Posteriormente la radioespirometría con xenón131, fue reemplazada por la centellografía por perfusión utilizando macroagregados de tecnecio99 inyectados por vía endovenosa, que permiten evaluar por imágenes la distribución del flujo sanguíneo pulmonar y de esta manera la contribución funcional de cada pulmón, lóbulo o segmento. De acuerdo a esto, a través de fórmulas que contemplan la contribución funcional diferencial y conociendo el estudio funcional preoperatorio del paciente es posible el cálculo de la función post-resección, por lo general expresado como VEF1 predicto postoperatorio (VEF1 ppo) (2,4,24).

Un adelanto fundamental en el desarrollo de este método fue el estudio realizado por Olsen en 1974, que demostró una buena correlación entre el VEF1 ppo y el VEF1 medido a los tres meses luego de neumonectomía en 13 pacientes. Numerosos autores confirmaron posteriormente la efectividad del método para el cálculo de la función postoperatoria predicta (4,6,21,24,28,44).

La fórmula para calcular la función postoperatoria expresada como VEF1 utilizada por la mayoría de los autores es la siguiente:

 

VEF1 ppo = VEF1 preop x (1 - contribución fraccional de pulmón a resecar)

 

La contribución fraccional de pulmón a resecar se calcula como sigue :

 

Fracción de pulmón funcionante a resecar = No segmentos funcionantes a resecar ¸ No total de segmentos funcionantes.

 

El valor obtenido por estas fórmulas es el VEF1 ppo, se expresa en litros y en porcentaje del valor normal calculado de acuerdo a la edad, sexo y talla del paciente.

En un paciente coordinado para resección pulmonar cualquiera fuera la extensión planeada previamente debe calcularse el VEF1 ppo como si la cirugía planteada fuera una neumonectomía. Esto se debe a que por motivos de técnica quirúrgica el cirujano puede verse obligado durante la operación a realizar una neumonectomía no programada en el preoperatorio, ya sea por error en la evaluación de la extensión tumoral o por la aparición de complicaciones. Además hay que tener en cuenta que luego de una lobectomía, el pulmón remanente puede sufrir complicaciones como atelectasia o infección, que determinen un deterioro funcional mayor que el predicto para una lobectomía. Si el paciente no alcanza valores de VEF1 considerados aceptables para neumonectomía es posible realizar el cálculo del VEF1 ppo para lobectomía.

Solo Ladurie y Ranson-Bitker no encuentran en su estudio una buena correlación entre el VEF1 ppo calculado por centellograma pulmonar y el medido 1 año después de la neumonectomía (45). Estos autores encuentran que en 74% de los pacientes estudiados el VEF1 ppo calculado difiere en exceso (mayor de 5%), del valor real medido, poniendo en duda la efectividad del método en predecir la función pulmonar post-resección (46).

Mayor controversia existe para determinar que valor de VEF1 ppo se acepta para establecer el criterio de operabilidad. Olsen y col. sugieren un VEF1 ppo mayor de 800 ml para la realización de una neumonectomía, basados en que los pacientes con EPOC que presentan VEF1 menores presentan retención de CO2 (2,4,24) (tabla 4). Este punto de corte no surge de estudios en pacientes sometidos a resección pulmonar por lo cual es discutido por algunos autores. Pate y col. considera que dicho límite excluiría muchos de los pacientes de su serie si se contemplara el VEF1 ppo aisladamente. Este autor considera seguros VEF1 ppo más bajos (del orden de los 700 ml) si el paciente es capaz de subir tres pisos de escalera o desarrollar un VO2 máx. (consumo de oxígeno máximo) de 10 ml/Kg.min en la prueba de tolerancia al ejercicio. Considera además valores menores de VEF1 preoperatorio como seguros para neumonectomía, del orden de los 1.6 L o 40% del valor predicto. El autor considera que estos valores de VEF1 en el preoperatorio justifican la realización de pruebas de tolerancia al ejercicio (30).

El valor predictivo de complicaciones postoperatorias del VEF1 ppo tampoco esta claramente definido. Mientras Olsen (42) y Pate (30) no encuentran este parámetro como predictor de complicaciones, Kearney y col en un estudio prospectivo con 331 pacientes coordinados para resección pulmonar, encuentran al VEF1 ppo como el mejor índice para predecir complicaciones postoperatorias (3). El grupo de pacientes con VEF1 ppo menores de 1L presentó mayor incidencia de complicaciones respiratorias (neumonía, atelectasias, falla respiratoria) y cardíacas (arritmias, IAM). Sin embargo en este grupo la mortalidad no fue mayor que en el grupo con VEF1 mayor por lo que concluye que si bien valores menores de 1L deben tenerse en cuenta para predecir riesgo, no deben utilizarse por si solo como criterio para excluir a los pacientes de la resección pulmonar (3).

Markos y col. utilizan la centellografía por inhalación-perfusión para calcular la función postoperatoria predicta luego de neumonectomía y lobectomía, expresándo la misma en forma de VEF1 ppo, CVF ppo, CPT ppo y DLCO ppo utilizando una fórmula común, similar a la analizada antes para calcular el VEF1 ppo (21). La fórmula para neumonectomía es la siguiente:

 

 

F ppo= F preop x (1- contribución fraccional del púlmon a resecar)

 

 

Donde F es función expresado en VEF1,CVF, CPT y DLCO.

La contribución fraccional del púlmon a resecar se establece por la división entre el número de cuentas radiactivas del púlmon a resecar (en cuanto a ventilación y perfusión) y el número total de cuentas en ambos hemitorax.

Los autores realizan igual procedimiento para establecer valores para lobectomía, utilizando la fórmula siguiente:

 

F ppo = F preop x (1- contribución fraccional del lóbulo a resecar)

 

La contribución fraccional lobar es calculada por los autores para ventilación y perfusión, dividiendo el número de cuentas en el lóbulo a resecar por el número total de cuentas del pulmón homolateral y luego multiplicando esta fracción por la contribución fraccional de dicho pulmón, como se explico más arriba.

Estos autores encuentran al cálculo de la función postoperatoria a través del centellograma como un método adecuado para predecir complicaciones postoperatorias incluso la muerte luego de neumonectomía y lobectomía.

Los párametros más adecuados sugeridos por ellos fueron el VEF1 ppo, el DLCO, el DLCO ppo y la desaturación durante la prueba de tolerancia al ejercicio. Confirman los hallazgos de Olsen, estableciendo como seguros para neumonectomía valores de VEF1 ppo mayores de 800 ml. Sin embargo los autores sostienen que es más adecuado expresar dicho parámetro como porcentaje del valor normal, al tener en cuenta el sexo, la edad y el tamaño del paciente. Un VEF1 ppo menor de 40% se asocio en este estudio a una elevada mortalidad (50%). El autor considera inoperable un VEF1 ppo menor de 30% del normal, denominando "borderline" valores entre 30 y 40%. El valor del DLCO y del DLCO ppo en la evaluación de riesgo de complicaciones incluyendo falla respiratoria y muerte en el postoperatorio de resección pulmonar, es el hallazgo más novedoso del estudio. Según el autor en los paciente "borderline" recomienda medir y calcular el DLCO y el DLCO ppo y realizar una prueba de tolerancia al ejercicio. Un DLCO ppo mayor de 40% y una desaturación durante el ejercicio menor de 2% convierten a estos pacientes en operables para neumonectomía. Cuando ambos valores están por debajo de 35% los autores consideran riesgo inaceptablemente alto para el procedimiento debiendose considerar una resección de extensión menor (lobectomía o resección en cuña) (21).

Ferguson y col. encuentran en un estudio retrospectivo en 376 pacientes sometidos a resección pulmonar mayor, que el DLCO ppo obtenido por cálculo simple constituye un factor predictor independiente de morbilidad y mortalidad en estos pacientes (41).

Numerosos autores han examinado la relación entre el VEF1 ppo obtenido por cálculo simple con el obtenido utilizando la centellografía pulmonar, encontrando buena correlación entre ellos (21,28,46,47,48).

El cálculo simple requiere el conocimento del VEF1 preoperatorio y el número de segmentos broncopulmonares a resecar, que puede conocerse en base a los estudios radiológicos previamente realizados. Una neumonectomía derecha se considera que reduce la función pulmonar postoperatoria en un 55% y la izquierda un 45%. El lóbulo inferior derecho e izquierdo se considera que tiene 5 segmentos, el lóbulo medio derecho 2 segmentos, el lóbulo superior derecho 3 segmentos y el superior izquierdo 4 segmentos. Asumiendo que los 19 segmentos contribuyen en igual proporción a la función pulmonar total, cada segmento representa 5.26% de dicha función.

 

La fórmula a aplicar sería la siguiente:

 

VEF1 ppo = VEF1 preop x [1- (S x 5.26)/100]

 

Donde S= número de segmentos pulmonares a resecar.

 

Markos y col. no encuentra mayores diferencias en el VEF1 ppo obtenido por centellografía pulmonar comparado con el obtenido por cálculo simple (21).

Zeiher y col. encuentran una buena correlación entre el VEF1 ppo y CVF ppo obtenidos por cálculo simple con el VEF1 y CVF medidos en el postoperatorio (46). Encuentran sin embargo una sobrestimación de la pérdida de función a través del cálculo, de unos 250 ml al aplicar la fórmula para lobectomía y de aproximadamente 500 ml aplicada a neumonectomía, que podría inducir a error al establecer el criterio de operabilidad en pacientes con función más comprometida. Los autores sugieren sumar 250 ml al VEF1 calculado para lobectomía y 500 ml al calculado para neumonectomía a fin de mejorar la precisión del método (46).

La fórmula tiene como principal ventaja que no requiere la centellografía para el cálculo de la función postoperatoria predicta, por lo que es sencilla de aplicar y económica. Sin embargo no contempla la verdadera contribución a la función pulmonar total que tienen los segmentos pulmonares a resecar. Kearney y col. obtienen, en su estudio, el VEF1 ppo a través del cálculo simple comprobando su utilidad en la evaluación de la función pulmonar post-resección. El autor recomienda la realización de centellografía ventilación-perfusión en aquellos pacientes en los que se sospeche o compruebe la existencia de atelectasia severa en el parénquima a resecar, enfermedad hiliar o compromiso severo de la luz bronquial por el tumor, ya que en estos casos la posibilidad de error al considerar igual la contribución funcional, es mayor (3).

Contemplando lo anterior, Nakahara y col. contemplan en la fórmula de cálculo del VEF1 ppo, la diferencia funcional de los segmentos normales con los que presentan obstrucción, en el parénquima a resecar. La fórmula planteada por los autores es la siguiente:

 

VEF1 ppo = VEF1 preop x [ 1- (b-n)/ (42-n)]

 

Donde n= número de subsegmentos obstruídos y b= número total de subsegmentos en el parénquima a resecar. Cuarenta y dos es el número total de subsegmentos pulmonares. En este estudio el VEF1 presentó valor predictivo de complicaciones postoperatorias (48).

Wu y col. proponen la tomografía computada cuantitativa de tórax como un nuevo método para estimar la función pulmonar post-resección pulmonar. Encuentran una correlación excelente entre el VEF1 ppo y CVF ppo obtenido por este método y el medido en el postoperatorio en 38 pacientes, luego de resección pulmonar (49). Según Bolliger, este método debe ser validado por un estudio prospectivo que compare esta técnica con la centellografía pulmonar (2).

Pierce y col. sugieren que el producto entre el VEF1 ppo y la DLCO ppo (expresados en porcentaje del valor normal), llamado PROD ppo, puede considerarse un valor universal que incluye los aspectos más importantes de ambos parámetros. Consideran valores menores de 1650 como altamente predictores de complicaciones (47). Ferguson y col. no confirman estos hallazgos, no encontrando interacción importante entre ambos parámetros, recomendando su medida y análisis por separado (41).

Puente-Maestu y col. demostraron recientemente que la fórmula utilizada por Olsen para estimar la función postoperatoria por centellografía pulmonar puede ser utilizada para calcular la tolerancia al ejercicio postoperatoria predicta, expresada como VO2 máximo ppo (50).

Bolliger y col. recientemente estudiaron un grupo de 28 pacientes con función pulmonar comprometida utilizando la fórmula mencionada para calcular el VO2 max ppo, encontrando una buena correlación entre los valores calculados y los medidos en el postoperatorio.

Dicho parámetro fue sensiblemente menor en aquellos pacientes que sufrieron complicaciones en el postoperatorio, con una mortalidad 100% para aquellos con valores por debajo de 10 mL/kg.min. En este estudio valores de VEF1 ppo, DLCO ppo y VO2 max ppo menores de 40% del normal calculado se asocian con 50% de mortalidad postoperatoria (44). Olsen ese mismo año comenta en un editorial el estudio de Bolliger, opinando que la explicación fisiológica de como el VO2 ppo puede calcularse a partir del producto entre el VO2 max preoperatorio y el porcentaje de función pulmonar a resecar obtenida por centellograma requiere de mayor investigación (39).

 

 

 

VII. Pruebas de Tolerancia al Ejercicio

 

Con el objetivo de seleccionar aquellos pacientes portadores de cáncer de pulmón con la mejor chance de curarse mediante resección y con la menor chance de sufrir morbilidad postoperatoria, severo compromiso funcional cardiorespiratorio o muerte, las pruebas de tolerancia al ejercicio con el cálculo del consumo de O2 durante el mismo (VO2), constituyen la línea de pensamiento más reciente. El ejercicio constituye una prueba atractiva con el fin de evaluar el estado funcional cardiorespiratorio del paciente con vistas a la resección pulmonar, dado que durante el mismo se produce una situación de stress, que en muchos sentidos puede asemejarse a la que se produce durante una resección pulmonar más o menos extensa. El ejercicio produce un aumento del consumo periférico de oxígeno que exige una respuesta de adaptación del sistema de transporte de dicho gas, incluyendo al sistema respiratorio y cardiocirculatorio, para permitir suplir la demanda aumentada. En el pulmón, el ejercicio se acompaña de un aumento del volumen minuto ventilatorio, captación de oxígeno, eliminación de CO2 y aumento del flujo sanguíneo similar al que se observa durante una neumonectomía. Basándose en este postulado los distintos autores proponen las pruebas de tolerancia al ejercicio como un método que evalúa, teoricamente, todo el sistema cardiorespiratorio a través de una sola prueba (7).

Los distintos protocolos para la realización de estas pruebas tienen, en la mayoría de los casos, como principal parámetro a medir el consumo de oxígeno (VO2), el cual puede expresarse en términos absolutos, relacionado con la superficie corporal o en porcentaje del valor calculado como normal. En estas pruebas, el consumo de oxígeno tisular se correlaciona con la extracción pulmonar de oxígeno, que es el parámetro directamente medido. Este parámetro es actualmente considerado un índice del la capacidad de transporte de oxígeno por el sistema cardiorespiratorio (7).

Durante el ejercicio, a medida que el esfuerzo (o la "carga") aumenta, el VO2 aumenta en forma proporcional, hasta alcanzar un punto en el cual, aunque la intensidad del ejercicio aumente el VO2 no aumenta, alcanza una meseta o "plateau". Dicho valor se conoce como consumo de oxígeno máximo (VO2 max). En este caso la prueba de esfuerzo máximo se realiza a través de un incremento progresivo de carga, por lo general en una bicicleta ergométrica. En pacientes con cáncer pulmonar y enfermedad pulmonar obstructiva, una intensidad menor de esfuerzo puede ser mejor tolerada. En este caso, el VO2 pico medido durante una prueba de ejercicio máximo "limitado por sintomas", sustituye al VO2 max (38). Es posible medir el VO2 durante el ejercicio a una carga que no genere al VO2 max, es decir a un ejercicio sub-máximo, prueba denominada de ejercicio submáximo, que como veremos, requiere de monitorización invasiva (7,42).

Es necesario, a fin de evaluar el transporte de oxígeno en el ejercicio, relacionar dicho VO2 con la cantidad de carga impuesta (Watts) y el tiempo.

A través de fórmulas que contemplan el peso corporal y la "carga" impuesta es posible calcular el valor teórico de VO2 normal que un individuo desarrollará durante la prueba y expresar el mismo como porcentaje del normal (7).

De acuerdo a lo establecido más arriba, básicamente las pruebas de tolerancia al ejercicio pueden agruparse de acuerdo a la intensidad del esfuerzo al cual se somete al paciente en : a) esfuerzo mínimo, b) submáximo y c) máximo "limitado por síntomas" .

 

 

a) Pruebas de ejercicio con mínimo esfuerzo

 

En estas pruebas, el paciente es sometido a una intensidad de esfuerzo mínimo, como subir determinado número de tramos de escalera o caminar a determinada velocidad durante cierto tiempo.

Reichel en 1972 realizo un estudio retrospectivo en 75 pacientes sometidos a neumonectomía. En su serie, la mortalidad fue de 24% y un 17% de los pacientes sufrieron complicaciones mayores. La mayoría de estos pacientes presentaron en la evaluación funcional preoperatoria algún grado de obstrucción al flujo aéreo. De los 75, 31 pacientes fueron estudiados mediante la prueba de caminata en banda rodante (treadmill test). De los 11 que completaron los 14 minutos de prueba (a incremento de velocidad y carga), ninguno presentó complicaciones postoperatorias severas, mientras que 4 pacientes que no toleraron 4 minutos de prueba, fallecieron. Otros 3 pacientes con poca tolerancia a la prueba, sufrieron complicaciones cardiorespiratorias (4,7,24).

En 1984, Bagg utilizo para evaluar a 30 pacientes con cáncer de pulmón, la prueba de la caminata durante 12 minutos. El ejercicio fue medido como la distancia en metros que el paciente puede caminar en una superficie llana durante 12 minutos. El nivel de disnea y la distancia en metros transitada falló en discriminar aquellos pacientes que sufrieron complicaciones postoperatorias de los que no (7).

Bolton y Olsen (51,52), proponen que una prueba de ejercicio consistente en subir rápidamente determinados tramos de escalera, si el peso corporal, altura de los escalones y velocidad de ascenso son constantes, constituye una demanda de esfuerzo alta y constante. Si ésta es realizada sin presentar síntomas severos, es posible concluir una reserva cardiorespiratoria considerable. En un estudio prospectivo en 70 pacientes, realizan una prueba consistente en subir un máximo de 5 tramos de escalera (127 escalones), a velocidad moderada, registrando el número total de escalones que el paciente puede alcanzar. Realizaron además pruebas de función pulmonar, encontrando que en los pacientes que alcanzarón a subir 3 tramos de escalera (76 escalones), el VEF1 observado era menor de 1.70 L mientras que si completaban los 5 tramos el VEF1 observado era mayor de 1.75 L. Estos hallazgos sugieren la utilidad de estas pruebas como método de screening en la evaluación funcional respiratoria en candidatos a resección pulmonar. Sin embargo, el número de final de tramos de escalera tolerados en la prueba por sí solo no debe excluir a los pacientes de un procedimento quirúrgico determinado

(3 tramos para lóbectomía, 5 para neumonectomía según series anteriores) (51,52).

Recientemente, Pollock y col. mediante un estudio prospectivo en 31 pacientes portadores de EPOC, evaluados a través de pruebas de función pulmonar, encuentran que la prueba del ascenso de escaleras "limitada por síntomas" es un método válido para estimar el VO2 pico (o VO2 max). Los autores encuentran que el ascenso de 4.6 tramos de escalera (83 escalones) se relaciona con un aumento del VO2 pico a 20 ml/Kg.min, parámetro que como veremos más adelante, numerosos autores consideran como seguro para la realización de una neumonectomía (53).

En la serie de Pate (30) todos los pacientes incluídos en el protocolo, menos uno, fueron capaces de completar la prueba de ejercicio por ascenso de tramos de escalera, por lo que el test no fue capaz de discriminar los pacientes que sufrieron complicaciones de los que no. Sin embargo ningún paciente falleció por complicaciones cardiorespiratorias. Los autores sostienen que los pacientes capaces de subir tres tramos de escalera pueden someterse a resección pulmonar con un riesgo aceptable de sufrir complicaciones cardioespiratorias fatales.

Estas pruebas tienen como ventaja ser baratas, fáciles de realizar y disponibles en cualquier centro. Sin embargo son difíciles de estandarizar y no evalúan adecuadamente los posibles eventos cardíacos durante las mismas. Una prueba de ejercicio por ascenso de escaleras como la sugerida por Pollock, puede considerarse una prueba útil en pacientes EPOC sin cardiopatía isquémica candidatos para resección, fundamentalmente para identificar aquellos pacientes que requieran pruebas más sofisticadas (2).

 

 

b) Pruebas de Ejercicio Submáximo

 

Esta pruebas se utilizaron inicialmente con el fin de evaluar la complacencia vascular del púlmon contralateral a la resección, durante el ejercicio y la TUPAO, a través de la medida de las RVP. De esta manera es posible identificar aquellos pacientes con alto riesgo de sufrir hipertensión arterial pulmonar y falla cardíaca derecha luego de neumonectomía. Autores como Olsen y Nakagawa proponen la prueba de tolerancia al ejercicio submáximo, mediante evaluación hemodinámica invasiva, como método válido para estudiar el transporte de oxígeno en candidatos a resección pulmonar (42,54) . En éstas pruebas no se realiza la oclusión de la arteria pulmonar, sino que se miden distintos parámetros de evaluación del transporte de O2, como el VO2 submáximo y la disponibilidad de oxígeno (DO2). El argumento a favor de estas pruebas es que no se someten a los pacientes a un esfuerzo máximo, que en pacientes añosos y con función cardiorespiratoria comprometida, puede ser mal tolerada. Sin embargo la prueba tiene como principal desventaja que es invasiva, resultando más compleja y con mayor disconfor para los pacientes que las pruebas de ejercicio máximo "limitado por síntomas", como veremos más adelante.

Olsen y col.realizan la prueba en bicicleta ergométrica en 52 pacientes candidatos a resección con enfermedad pulmonar obstructiva, a los que somete a un esfuerzo submáximo en estado estable con una carga de 25 watts durante 2 a 4 minutos. A todos los pacientes se les colocó una vía artrerial radial para gasometrías seriadas y presión arterial media (PAM) y un catéter de Swan-Ganz, para obtener registros de presión arterial pulmonar y presión arterial en cuña. Contenido arterial y venoso de oxígeno (CaO2 y CvO2), VO2, Gasto e Indice Cardíaco, DO2, Indice de Extracción de O2 (IE O2) y RVP fueron calculadas mediante fórmulas estándar.

El autor realiza la medida del VO2 a ejercicio submáximo en estado estable, determinando dicho punto cuando se establece una caída del pH de 0.045 unidades, y una caída del bicarbonato plasmático de 1,7 mEq/L, suponiendo que es en este momento cuando el VO2 supera la oferta de O2 comenzando la anaerobiosis muscular. En el estudio se realizo el cálculo del VEF ppo por centellografía de perfusión pulmonar.

De la totalidad de pacientes estudiados por Olsen, se consideraron fisiológicamente operables, para neumonectomía o lobectomía, 29 pacientes, de los cuales se registrarón 7 muertes en el postoperatorio, la mayoría de ellos por neumonía y falla respiratoria. El autor logra diferenciar el grupo que toleró la resección del grupo de no sobrevivientes por el IC (5.5 ± 1.3 vs 3.9 ± 0.3 L. min.-1 m-2) , DO2 (1630 ± 462 vs 1070 ± 95 mL. min.-1 m-2 ) y por el VO2 (11.3 ± 2.1 vs 7.8 ± 1.5 mL/ kg.min). En el grupo que logró sobrevivir a la cirugía, no encontró diferencias significativas en estos parámetros entre los pacientes que presentaron complicaciones cardiorespiratorias de los que no las presentaron. El autor concluye que el VO2 es un importante factor predictivo de complicaciones cardiorespiratorias fatales en pacientes candidatos a resección pulmonar, en la medida en que dicho parámetro refleja bien los efectos de la función cardíaca y el transporte de oxígeno durante el stress que genera el ejercicio. En este estudio, la prueba de tolerancia al ejercicio constituyó un método más adecuado para evaluar riesgo fatal que el cálculo del VEF1 ppo por centellograma pulmonar (42).

Nakagawa y col. (54) realizan un estudio similar al de Olsen en 31 pacientes candidatos a resección, pero desarrollando éstos un ejercicio submáximo por incrementos de carga. Los autores realizan el cálculo de VO2 submáximo y la DO2 , a diferencia de Olsen, al alcanzar un nivel de lactato plamático de 20 mg/dl que ellos llaman "umbral anaeróbico empírico", y lo expresan en relación al área de superficie corporal del paciente, esto es VO2/ASC y DO2 a lactato 20 mg/dl (VO2/ASC La20 y DO2/ASC La20). Estos parámetros fueron encontrados como buenos predictores de mortalidad postoperatoria, debiendo ser mayor de 400 mL. min.-1 m-2 el primero y mayor de 500 mL. min.-1 m-2, el segundo para considerar al paciente fisiológicamente operable. El autor recominenda realizar éstas pruebas en aquellos paciente que se consideren como "bordeline" a través de las pruebas de función pulmonar y cálculo de función postoperatoria predicta, por cálculo simple o centellograma pulmonar. Containdica la toracotomía si la CV ppo es menor de 40% del normal y el VEF1 menor de 30% (54).

Si bien éstas pruebas pueden realizarse en pacientes seleccionados, su carácter invasivo y el disconfor que generan, la mayor parte de los laboratorios de función pulmonar prefieren la realización de pruebas de tolerancia al ejercicio máximo "limitado por síntomas", con el cálculo del VO2 pico como evaluación del VO2 max.

 

 

 

c) Pruebas de Ejercicio Máximo

 

Uno de los primeros trabajos realizados para evaluar las pruebas de tolerancia al ejercicio máximo fue publicado por Eugene y col. en 1982 (4,7). Estudiaron 19 pacientes con espirometría y pueba de tolerancia al ejercicio con incremento de cargas y "limitado por síntomas". El aire espirado fue recogido para su análisis durante los últimos 2 minutos de cada incremento, para el cálculo del VO2 max. Se practicarón 6 neumonectomías y 12 lobectomías. Tres pacientes no sobrevivieron al procedimiento quirúrgico por complicaciones cardiorespiratorias. La espirometría a través del VEF1 falló en discriminar a este grupo, pero los 3 pacientes fallecidos presentaron un VO2 max menor de 1 L/min, mientras que los 15 que sobrevivieron presentaron un VO2 max mayor, durante la prueba (4,7).

En ese mismo año Colman y col., utilizan la prueba de tolerancia al ejercicio por incrementos de carga y limitada por síntomas, en bicicleta ergométrica, para evaluar en el preoperatorio a 59 pacientes candidatos a resección por cáncer de pulmón. En este estudio, el VO2 max no fue capaz de predecir la aparición de complicaciones en los primeros 28 días del postoperatorio. Este estudio es frecuentemente citado por la literatura como negativo. Sin embargo se incluyeron dentro de las complicaciones definidas, numerosos cuadros relacionados con la técnica quirúrgica y que dificilmente puedan ser predictos por estas pruebas, como sangrado postoperatorio, fístula pleuropulmonar persistente, empiema, infección de la herida o sangrado digestivo (4,7).

Smith en 1984 evaluó 22 pacientes utilizando las pruebas de función pulmonar, el cálculo de la función postoperatoria predicta en forma de VEF1 ppo utilizando la centellografía por perfusión y la prueba de tolerancia al ejercicio máximo con incremento de cargas en cicloergometro, limitada a la aparición de disnea o fatiga. El VO2 es calculado a través del análisis del gas espirado y el consumo de oxígeno más alto obtenido durante la prueba se consideró como VO2 max. De la totalidad, 11 pacientes (50%), presentarón complicaciones cardiorespiratorias en el postoperatorio, siendo la más frecuente la neumonía, seguida en frecuencia por insuficiencia respiratioria. Dos muertes ocurrieron en el postoperatorio (9% de mortalidad global), por neumonía y falla respiratoria. De los 11, 6 pacientes presentaron un VO2 max menor de 15 mL/kg.min, mientras que 9 de 10 pacientes con VO2 max mayor de 20 mL/kg.min presentaron un postoperatorio sin complicaciones. Los estudios de función pulmonar preoperatoria y el VEF1 ppo no fueron significativamente diferentes entre los pacientes que presentaron complicaciones y los que evolucionaron sin ellas. Los autores destacan la importancia de relacionar el VO2 max con el peso corporal. Concluyen que la prueba de tolerancia al ejercicio es un método útil para establecer el riesgo de morbimortalidad postoperatoria, determinan bajo riesgo con valores de VO2max mayores de 20 mL/kg.min, riesgo elevado con valores menores de 15 mL/kg.min y riesgo intermedio entre ambos valores (19). Estos hallazgos fueron confirmados posteriormente por Bechard y Wetstein en 1987. Evaluaron 50 pacientes consecutivos coordinados para toracotomía, a través de pruebas de función pulmonar y de tolerancia al ejercicio máximo por incrementos de carga de 12.5 watts limitada por síntomas, como disnea o fatiga. Se midió el VO2 max de manera similar al estudio de Smith. Dos pacientes murieron en el postoperatorio (4%) y 6 (12%) sobrevivieron presentando complicaciones cardiorespiratorias. Siete de estos pacientes presentaron en la prueba de ejercicio, VO2 max menores de 10 mL/kg.min, incluyendo las dos muertes. Ninguno de los paciente con valores mayores a 20 mL/kg.min de VO2 max sufrieron complicación alguna (55).

Morice y col. estudiaron mediante prueba de tolerancia al ejercicio, un grupo de pacientes candidatos a resección pretendidamente curativa de cáncer pulmonar, que fueron catalogados como de riesgo alto en la evaluación preoperatoria por los siguientes criterios: VEF1 igual o menor de 40% del normal, VEF1 ppo obtenido por centellograma menor o igual a 33% del calculado o PaCO2 igual o mayor de 45mmHg. La tolerancia se realizó en estos pacientes en bicicleta ergométrica mediante ejercicio máximo con incremento de carga de 10 watts por minuto hasta aparición de disnea severa o fatiga. Los pacientes que VO2 pico mayor o igual a 15 ml/kg.min fueron aceptados para resección pulmonar, siendo denegada la cirugía por debajo de esos valores. Luego de esta selección el grupo estudiado quedo constituído por 8 pacientes, 7 hombres y una mujer. La cirugía realizada en ellos fue resección en cuña o lobectomía. Ninguna neumonectomía fue practicada. Seis pacientes presentaron un postoperatorio sin complicaciones, un paciente presentó neumonía y otro fibrilación auricular. No se registró ninguna muerte. Todos los pacientes, menos uno, fueron extubados en las primeras 24 horas y fueron dados de alta de la unidad de cuidados intensivos en los tres primeros días (cuatro en las primeras 24 horas del postoperatorio). Las pruebas de función pulmonar se repitieron a los 2.5 y 4 meses sin registrarse diferencias significativas con los valores del preoperatorio. El autor encuentra más adecuado utilizar el término VO2 pico en sustitución de VO2 max utilizado por la mayoría de los autores. Esto se debe a que el VO2 más alto medido durante la prueba "limitada por síntomas" no es necesariamente igual al VO2 máximo, considerando este como el punto en el cual el VO2 no aumenta más frente al incremento de carga (plateau). Concluyen que un VO2 pico durante el ejercicio mayor o igual a 15 ml/kg.min se asocia a un riesgo quirúrgico aceptable, mientras que por debajo de ese valor, y en particular, por debajo de 10 ml/kg.min, el riesgo de complicaciones fatales es inaceptablemente alto. Otro hallazgo interesante de este estudio es que la función postoperatoria resultó mejor que la estimada en el preoperatorio, debido probablemente, según los autores a la realización de resecciones limitadas y a los avances en las técnicas anestésicas y quirúrgicas. Consideran entonces necesario reevaluar los criterios corrientes que resultan del cálculo de la función pulmonar postoperatoria predicta (38).

Pate y col. encuentran que los pacientes capaces de desarrollar un VO2 mayor de 10 ml/kg.min durante el ejercicio máximo por incremento de carga y limitado por síntomas, toleran una resección pulmonar, sin aclarar la extensión de la misma. El autor recomienda la realización de pruebas de tolerancia al ejercicio si el VEF1 es menor de 1.6 L o de 40% del valor normal (30).

En una pequeña serie de cinco pacientes con algún criterio de alto riesgo quirúrgico y evaluados a través de la tolerancia al ejercicio máximo, Bolliger sugiere que un VO2 max mayor o igual a 69% del valor normal predicto permite realizar lobectomía con riesgo aceptable (2).

Epstein y col. desarrollan un índice de multifactorial de riesgo cardiopulmonar (IRCP) y lo comparan con la prueba de tolerancia al ejercicio máximo como factores predictores de riesgo en pacientes candidatos a resección pulmonar (56)(tabla 5). Dicho índice consta de dos partes, una referida al riesgo cardíaco y que surge de una adaptación de la clasificación de riesgo cardíaco de Goldman, con un score de 0 a 4 y una parte referida a riesgo pulmonar, con un score de 0 a 6, que surge de la suma de puntos por la presencia de las siguientes variables:1) obesidad (por índice de masa corporal) ; 2) consumo de cigarrillos en las 8 semanas previas a la cirugía ; 3) tos y expectoración 5 días antes de la operación; 4) estertores secos difusos en los 5 días previos a la operación; 5) VEF1/CVF< 70% y 6) PaCO2> 45mmHg. El IRCP queda configurado con un score total de 0 a 10. Los pacientes con un score mayor o igual a 4 presentaron 22 veces más complicaciones en el postoperatorio que aquellos con score menor de 4.

 

 

 

 

Tabla 5. Indice Multifactorial de Riesgo Cardio-Pulmonar (IRCP) (ver texto). (Modificado de Epstein SK, Failing LJ, Daly BDT, Celli BR. Predicting complications after pulmonary resection: preoperative exercise testing vs a multifactorial cardiopulmonary risk index. Chest 1993; 104: 694-700).

 

Indice de Riesgo Cardíaco Indice de Riesgo Pulmonar

Variable puntos Variable puntos
1) ICC 11 1) Obesidad 1
2) IAM previo (6m) 10 2)Tabaquismo 1
3) EV> 5 por min. 7 3) Tos productiva 5 días antes. 1
4) Ritmo no sinusal o ESV 7 4) Estertores secos 5 días antes. 1
5) > 70 años. 5 5) VEF1/CVF< 70% 1
6)Estenosis Aortica 3 6) PaCO2 > 45 mmHg 1
7) Mal estado gral. 3    
Riesgo: 1 (0-5), 2 (6-12),

3 (12-25), 4 (> 25).

     
Indice de Riesgo Cardíaco (IRC) 1 - 4 Indice de Riesgo pulmonar (IRP) 0 - 6
IRCP IRC+ IRP 1 - 10.  

 

 

Los autores no encuentran diferencias entre el grupo que sufrió complicaciones y el que evolucionó sin ellas cuando utilizan los umbrales de VO2 pico sugeridos por otros autores, como 15 ml/kg.min o 1 L/min. Sin embargo, cuando relacionan el VO2 pico al área de superficie corporal, encuentran que los pacientes con VO2 pico menor de 500 mL. min.-1 m-2 presentan un riesgo 6 veces mayor de sufrir complicaciones cardiorespiratorias que aquellos con valores mayores (56).

Bolliger y col en una serie de 80 pacientes candidatos a resección pulmonar, encuentran que el VO2 max expresado en porcentaje del calculado es más sensible predictor de complicaciones postoperatorias que cuando se expresa en valores absolutos. Un valor por debajo de 60% del predicto se plantea como prohibitivo para resecciones pulmonares que involucren más de un lóbulo (2).

Morice y col. confirman la utilidad de expresar el VO2 max como porcentaje del calculado. Encuentran que un VO2 max mayor o igual a 50% del valor normal es un criterio más adecuado de operabilidad que el valor absoluto de 15 ml/kg.min utilizado por estos autores previamente (57).

 

 

VIII. Algoritmo para la Evaluación Funcional del Candidato a Resección Pulmonar

 

La evaluación del paciente coordinado para resección pulmonar comienza como con cualquier otro paciente, con la historia y el examen físico. Como se mencionó antes, el 90% de los pacientes portadores de cáncer de pulmón tienen historia de tabaquismo de larga data y presentan elementos clínicos de enfermedad obstructiva crónica de la vía aérea, como disnea, tos y expectoración crónica, estertores secos, remodelación toracopulmonar, etc. Además tienen mayor incidencia de cardiopatía isquemica. En ellos, las Pruebas de función Pulmonar, incluyendo la Espirometría Clínica, el Estudio de los Volumenes Pulmonares y la Gasometría Arterial, debe ser indicados de rutina. Muchos autores recomiendan incluir la MVV y la DLCO, en la evaluación funcional inicial de estós pacientes. El hallazgo de un VEF1 > 60% (41,44) o > 2 L, una MVV> 50% del valor normal y una DLCO> 60% (41) del normal son aceptables para la resección pulmonar cualquiera sea su extensión, sin necesidad de realizar otros estudios. En contrapartida, un paciente con un VEF1 menor de 1L o VEF1 < 20% del normal es inoperable para culaquier procedimiento quirúrgico. Miller incluye como inoperables aquellos que presenten una MVV< 35%. Admite, sin embargo, un VEF1 entre 0.6 y 1L para resección en cuña, en pacientes seleccionados (6).

Los pacientes que presenten valores de VEF1 entre 1 y 2 litros o entre 20 y 60 % del valor normal deben ser estudiados más exaustivamente ya que se consideran en riesgo aumentado de sufrir complicaciones y muerte en el postoperatorio. Miller considera que los pacientes con un VEF1 entre 1 y 2 L con una MVV > 40% toleran con riesgo aceptable una lobectomía, si bien esta de acuerdo con otros autores en que este grupo de pacientes requieren de evaluación funcional adicional (6).

Es importante destacar que en esta primera etapa del algoritmo de estudio se diferencian tres grupos claramente, los que tolerarían una neumonectomía, los que no tolerarían ningún tipo de cirugía (excepto quízas una resección en cuña en pacientes seleccionados) y un grupo intermedio, que requiere de mayor evaluación. Este grupo requeriría una segunda etapa de estudios, fundamentalmente dirigidos a estimar, por distintos métodos, que función pulmonar presentará el paciente luego de la cirugía. La estimación de la Función Pulmonar Postoperatoria (Fppo), como ya se señaló, debe realizarse para el procedimiento mayor, esto es, la neumonectomía. Si el paciente no presenta los criterios mínimos aceptables para este procedimiento es posible evaluarlo en vistas de resecciones menos extensas, como lobectomía o incluso resecciones en cuña.

Dos métodos son sugeridos para dicha estimación: el cálculo simple y la centellografía pulmonar, actulamente por perfusión de macroagregados de albúmina marcada con tecnecio99. Por motivos prácticos muchos autores recomiendan realizar primero el cálculo simple analizado más arriba. Si el paciente no alcanza los valores recomendados para el procedimiento quirúrgico planeado o existen dudas acerca de la contribución funcional del parénquima púlmonar a resecar, entonces parece más adecuado la realización del centellograma pulmonar para establecer con mayor exactitud la F ppo.

Con respecto a que parámetro utilizar para estimar la Fppo, el VEF1 ppo es el más amplimente utilizado por los distintos autores. La mayoría de los autores coinciden con Olsen en que un VEF1 ppo entre 0.8 y 1L establecen un punto de corte por debajo del cual los pacientes presentan elevado riesgo de morir si se practica una neumonectomía. También existiría acuerdo en que este grupo de pacientes debe ser evaluado en una tercera fase, a través de las pruebas de tolerancia al ejercicio. Varios autores plantean más exacto expresar el VEF1 ppo en porcentaje del valor calculado, teniendo en cuenta la incidencia en aumento cáncer de pulmón en mujeres (2,4,21). Los autores están de acuerdo que un VEF1 ppo menor de 30% a 35% del calculado convierte al paciente en inoperable para neumonectomía, debiendose considerar resecciones menores. Algunos autores sostienen que un VEF1 ppo mayor de 40% permite la neumonectomía sin otros estudios. Para pacientes "bordeline", esto es entre 30 y 40%, estaría indicado las pruebas de tolerancia al ejercicio, como tercer etapa del algoritmo (4,21).

En este grupo de pacientes la tendencia actual es a la realización de una prueba de tolerancia al ejercicio máximo en bicicleta ergométrica, por incremento de carga y limitada por síntomas. La medida de VO2 max (o pico) determinara en estos pacientes límite, el criterio de operabilidad. La mayoría de los autores citados coinciden en que los pacientes que desarrollan un VO2 max durante la prueba, menor de 15 ml/kg.min (y particularmente por debajo de 10 ml/kg.min), se encuentran en riesgo excesivamente alto de sufrir complicaciones cardiorespiratorias fatales en el postoperatorio y por lo tanto se les debe considerar inoperables. Valores superiores a 20 ml/kg.min de VO2 max, son considerados fisiológicamente aceptables para la realización de una neumonectomía (figura 5).

Dado la importancia que ha tomado las pruebas de tolerancia al ejercicio en la evaluación de candidatos a resección pulmonar, Bolliger (2), sugiere un algoritmo de estudio distinto, anteponiendo éstas pruebas a la estimación centellografica de la función pulmonar postoperatoria. De acuerdo con él, pacientes sin historia de enfermedad cardíaca y con electrocardiograma normal, que presenten un VEF1 y DLCO > 80% pueden someterse a neumonectomía si mayor evaluación funcional. Si cualquiera de éstos fuera menor de 80%, entonces el autor plantea la prueba de tolerancia al ejercicio máximo limitada por síntomas. Si el VO2 max es mayor de 70% del valor normal calculado, o mayor de 20 ml/kg.min, puede realizarse una neumonectomía. Si en cambio el VO2 max es menor de 40% del normal o menor de 10 ml/kg/min, el paciente es inoperable. Si el paciente presenta un VO2 max entre ambos valores se considera "bordeline" y el autor sugiere en estos casos estimar la función postoperatoria a través del centellograma pulmonar. Si el VEF1 ppo y el DLCO ppo estan ambos por debajo del 40% del valor normal calculado, el paciente es inoperable. En caso de que sólo uno de los parámetros se encontrara por debajo de 40% el autor plantea el cálculo por centellografía, del VO2 max ppo. Con un

VO2 max ppo menor de 10 ml/kg.min o de 35% del normal, el paciente se considera inoperable. Si en cambio el VO2 max ppo se encuentra por encima de éstos valores, el paciente se considera operable para la extensión de la resección sobre la cual se estimó la función postoperatoria por centellograma.

 

Fig. 5. Algoritmo para evaluación fisiológica de candidatos a resección pulmonar.

 

 

Para finalizar, se analizará a continuación la evaluación funcional realizada a dos pacientes candidatos a resección por cáncer de pulmón , en la cual se aplicó el algoritmo de estudio utilizado habitualmente en nuestro medio (fig. 5).

 

Ambos pacientes fueron estudiados en el Laboratorio de Exploración Funcional Respiratoria del Hospital de Clínicas " Dr Manuel Quintela", y operados en el Block Quirúrgico de dicho Hospital.

El primero de ellos (O.P. 65 años), recibió anestesia general por parte del autor de esta monografía bajo supervisión del Asistente responsable del Depto y Cátedra de Anestesiología de dicho hospital. La evaluación funcional preoperatoria del segundo paciente (A.M., 64 años), fue proporcionada por personal del Laboratorio de Exploración Funcional Respiratoria del Hospital de Clínicas.

 

 

Caso Clínico 1

 

A.P; 65 años, sexo masculino, procedente de Montevideo, con antecedentes personales de Asma Bronquial, de 15 años de evolución, tratado con B2 inhalatorios y Bromuro de Ipratropio, con crisis leves desencadenadas por el esfuerzo y cambios de estación, sin elementos de crisis al momento de la intervención quirúrgica. Ex-fumador intenso (desconocemos cantidad de consumo), Bronquítico Crónico, sin elementos clínicos de empuje de su enfermedad al momento de la operación.

Coordinado para lobectomía superior izquierda, por Adenocarcinoma de pulmón de hallazgo radiológico, que al examen físico presenta: buen estado general, buen estado de hidratación, conjuntivas normocoloreadas, eupneico, tolerando decúbito.

Del exámen pleuropulmonar se destaca: aumento de diámetro anteroposterior del tórax, elasticidad y expansibilidad disminuídas, vibraciones vocales coservadas, hipersonoridad global, disminución difusa del murmullo alvéolo vesicular. Hepatomegalia al exámen abdominal.

Se destaca una Rx de tórax que muestra lesión nodular parahiliar izquierda e hiperinsuflación pulmonar marcada. Bronquiectasias y bullas de enfisema en la TAC de tórax.

La espirometría volumen-tiempo y flujo-volumen del paciente fueron las siguientes:

 

 

ESPIROMETRIA (VOLUMEN-TIEMPO)

 

  NORMAL HALLADO % post-BD % CAMBIO
CVF (l) 3.52 2.91 83 3.36 +15
VEF1(l) 2.76 1.11 40 1.46 +31
VEF1/CVF

/C

78 38   43  
FEF2575

LxS

3.13 0.29 9 0.46 +59

 

 

 

 

ESPIROMETRIA (FLUJO-VOLUMEN)

 

 

  NORMAL HALLADO % post-BD % CAMBIO
Vmax l/s 7.56 3.26 43 3.88 +19
FEF25 (l/s) 6.71 1.01 15 1.55 +53
FEF50 3.93 0.34 9 0.51 +50

FEF75

1.30 0.14 11 0.11 +50

 

 

 

El diagnóstico espirométrico es obstrucción bronquial severa, parcialmente reversible a la broncodilatación.

La gasometría arterial mostró una PaO2 de 77 mmHg, que de acuerdo a la edad del paciente y respirando al aire podemos considerar normal. La PaCO2 observada fue de 45 mmHg, esto es, en el límite superior de lo considerado normal.

Dado que el VEF1 preoperatorio fue menor de 60% del normal y mayor de 20%, se realizo la estimación del VEF1 ppo a través del cálculo simple, para neumonectomía izquierda.

El VEF1 ppo obtenido para neumonectomía fue 0.61 L o 21% del normal. Se consideró inoperable para neumonectomía y no cumplió con los criterios que indican la prueba de tolerancia para el ejercicio. Por lo tanto el paciente fue reconsiderado desde el punto de vista funcional para una resección menor, en este caso para lobectomía superior izquierda. Por presentar un VEF1 mayor de 35% (40%), se consideró funcionalmente posible la lobectomía.

De más esta decir que se trata de un paciente de elevado riesgo de morbimortalidad postoperatoria, pero con chances de sobrevivir a la resección planteada.

Se realizó una anestesia general balanceada a predominio inhalatorio, con intubación selectiva de bronquio izquierdo con sonda de doble luz tipo Robertshaw izquierda número 39 sin incidentes. Se comprueba posición por auscultación y por observación del colapso pulmonar luego de abierto el tórax. Se realiza analgesia inicialmente con Fentanyl 400 gamas y relajación muscular con alcuronio. Ventilación controlada manual y mécanica según el tiempo quirúrgico.

Monitoreo hemodinámico por vía venosa central yugular izquierda para control de PVC, sonda vesical para control de diuresis y via arterial radial derecha para gasometrías seriadas. La gasometría arterial a los 20 minutos de iniciada la ventilación unipulmonar, con una FiO2 de 1, mostró una PaO2 de 204 mmHg (hipoxemia) y una PaCO2 de 39 mmHg, con saturación arterial de 99.2 %.

La hemodinámia se mantuvo estable durante toda la intervención con un escaso sangrado (200 mL) con una reposición total de 2500 ml de suero fisiológico. No se registró complicación quirúrgica alguna, realizándose la operación propuesta. Al finalizar la intervención se colocó catéter peridural dorsal para analgesia postoperatoria. El paciente salió a sala de recuperación postanestésica despertando, extubado, ventilando espontáneamente con máscara a flujo libre (MFL), calmado y hemodinamicamente estable.

Cursó el postoperatorio inmediato en sala de RPA, semisentado, ventilando espontáneamente con MFL, manteniendosé analgesia por vía peridural con bolos intermitentes de opiáceos (fentanyl) y anestésicos locales (bupivacaína al 0.25%), lográndose un control del dolor aceptable.

La gasometría mostró una PaO2 de 240 mmHg con MFL y normocapnia. Alta de RPA la misma tarde de la operación a sala de cuidados intermedios. Ya en el primer día del postoperatorio se manifestó un sindrome canalicular exudativo con tos y expectoración purulenta y un discreto descenso de la oxemia. Al tercer día del postoperatorio, disnea brusca, polipnea, cianosis central y periférica, una PaO2 con MFL de 52.8 mmHg, SaO2 87%, e hipercapnia discreta. Diagnóstico radiológico y fibrobroncoscópico de atelectasia de lóbulo pulmonar inferior izquierdo, que mejoró con fibrobroncoaspiración. Causa de la atelectasia: edema del muñon con obstrucción del bronquio lobar inferior. Buena respuesta al tratamiento con corticoides. Mejoría franca del cuadro. Analgesia por cáteter durante una semana, eficaz. Al 6to día, disfonía marcada . Diagnóstico por fibrobroncoscopía: parálisis de cuerda vocal izquierda que aún persiste.

A los 8 días de la intervención pasa a sala general, reingresando a CI a los 10 días por cuadro canalicular exudativo, fiebre, dolor pleural y síndrome en menos a izquierda. Diagnóstico radiológico: empiema. Tratamieto con denaje y antibióticos (penicilina y gentamicina). Buena evolución al tratamiento, por lo que pasó nuevamente a sala general pocos días después, persistiendo con disfonía.

 

 

CASO CLlNICO 2

 

A.M. 64 a. Portador de Cáncer Pulmonar, enviado a Laboratorio de Exploración Funcional Respiratoria, para evaluación preoperatotria. Procedimiento quirúrgico propuesto : neumonectomía izquierda.

Las Pruebas de Función Pulmonar mostraron los siguientes resultados:

 

ESPIROMETRIA LENTA

 

  NORMAL HALLADO %
C.V. 4.17 4.31 103
V.R.E. 2.79 2.41 86

 

 

 

 

ESPIROMETRIA FORZADA (VOLUMEN-TIEMPO)

 

 

  NORMAL HALLADO % post-BD % CAMBIO
CVF (l) 4.01 4.06 101 3.93 -3
VEF1(l) 3.14 1.81 58 1.91 +6
VEF1/CVF

/C

78.3 44.5   48.6  
FEF2575

LxS

3.33 0.65 20 0.83 +28

 

 

 

ESPIROMETRIA FORZADA (FLUJO-VOLUMEN)

 

  NORMAL HALLADO % post-BD % CAMBIO
Vmax l/s 8.10 4.19 52 4.55 +9
FEF25 (l/s) 7.17 1.81 25 2.17 +20
FEF50 4.27 0.75 18 0.88 +17
FEF75 1.53 0.29 19 0.43 +48

 

De la espirometría se destaca, obstrucción al flujo aéreo de grado moderado con respuesta no reversible con broncodilatadores.

La gasometría arterial mostró :

PaO2 = 86.5 mmHg

PaCO2= 35.4 mmHg

pH = 7.37

Bic.= 20.9

E.B = - 3.9

SaO2= 95.2%

 

No se observan alteraciones del intercambio gaseoso en este estudio.

Este paciente se estudio también con MVV, obteniendo un 78% del valor normal calculado.

Siguiendo el algoritmo inicialmente planteado, dado que el VEF1 es menor de 60% (58) o menor de 2 litros, se continúa estudiando al enfermo. Se realiza la estimación del VEF1 ppo por cálculo simple, siendo este de 1 litro o 32% del normal. Podemos considerar al paciente como "bordeline", lo que justifica la realización de Pruebas de Tolerancia al Ejercicio.

Se realizó en este paciente una Prueba de Tolerancia al Ejercicio Máximo por incremento de cargas y limitada por síntomas, con cálculo del VO2 max. o pico.

Presentó un VO2 max de 1.51L.min, esto es, 22 mL/kg.min. De acuerdo a este valor se consideró la neumonectomía como funcionalmente posible, realizándose la misma con éxito.

 

 

 

IX. Conclusiones

 

Hemos desarrollado los distintos métodos utilizados para evaluar fisiologicamente a los candidatos a resección pulmonar por cáncer. Algunos de estos estudios, por distintos motivos han caído en desuso mientras que una nueva línea de pensamiento se ha desarrollado desde hace no mucho tiempo, apoyada en las pruebas de tolerancia al ejercicio con medida del VO2 max. El ejercicio presenta gran interés ya que el efecto que genera sobre el sistema de transporte de O2 puede asemejarse al producido por la neumonectomía.

No existen dudas de la importancia de las pruebas clásicas de evaluación pulmonar, como la espirometría clínica. Estas pruebas nos permitirán:

  1. seleccionar aquellos pacientes que conforman una población de riesgo aumentado de complicaciones respiratorias en cirugía de resección pulmonar.
  2. establecer cuales pacientes requerirán de pruebas adicionales que permitan conocer más a fondo dichos riesgos y en particular, la posibilidad de morir o sobrevivir con una función respiratoria inaceptablemente deteriorada.

Dentro de esta segunda etapa de evaluación destacamos el papel de la estimación de la función pulmonar postoperatoria, a través de cálculo simple o del conocimiento de la distribución del flujo sanguíneo pulmonar por centellografía de perfusión.

La Prueba de Tolerancia al Ejercicio, máximo limitado por síntomas, con el cálculo del VO2 max, puede ser utilizada como tercera etapa de evaluación en pacientes con función pulmonar "bordeline", o para otros autores como Bolliger, previo a la estimación de la función pulmonar postoperatoria. Los distintos trabajos citados muestran a esta prueba como el mejor método de predicción de complicaciones cardiorespiratorias graves en el postoperatorio de resección pulmonar.

 

No creemos que le corresponda al anestesiólogo en forma directa determinar cual paciente es operable y cual no, o que extensión de resección es posible realizar para conformar dos visiones que en algunos pacientes parecen enfrentarse: la posibilidad de curar al enfermo mediante la cirugía y la posibilidad de que este muera después de la intervención.

Sin embargo, el médico anestesiólogo tiene un papel clave en relación al acto quirúrgico ya que interviene de alguna manera en todas las etapas relacionadas con la intervención (pre, intra y postoperatorio). De manera que nos parece importante el manejo adecuado de la información obtenida a través de la evaluación funcional del enfermo, para establecer las medidas que sean necesarias en las distintas etapas, para obtener así el mejor resultado final de la intervención.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X. Referencias Biblogràficas

 

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XI. Agradecimientos:

 

Al Prof. Dr. José P. Arcos y a la Dra. Nelly Marquez por su aporte en la selección del material bibliográfico y casos clínicos presentados.

Al Prof. Dr. Héctor Piriz por su estímulo constante en el aprendizaje de la Fisiopatología respiratoria.

A mi esposa, Laura Castro por su apoyo y colaboración con la diagramación de esta monografía.

 

 

 

 

 

 

 

 


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