Asepsia
en la Anestesia Regional
Introducción.
La meningitis y el absceso peridural, complicaciones infecciosas
importantes que pueden aparecer luego del bloqueo central del neuroeje, por
fortuna son raros. La frecuencia de aparición de abscesos peridurales es de 1
en 60.000 anestesias peridurales, y la frecuencia de meningitis después de
anestesia raquídea es de 1 en 40.000[1],
según algunas series.
Las condiciones de higiene en las que se realizan las maniobras son de
fundamental importancia para lograr evitar la infección. Si bien se ha
planteado la contaminación hematógena esta no es la vía principal, sino la
contaminación por gérmenes de la piel; sobre todo cuando se utilizan catéteres
peridurales[2].
Las infecciones locales de la piel y la ausencia de una correcta higiene cuando
se manipulan los materiales son factores de riesgo para los procesos
infecciosos. Otros factores de riesgo son los dependientes del paciente, como:
inmunodeprimidos, diabéticos, insuficientes renales, uso de corticoides,
neoplásicos y politraumatizados. Aunque las medidas de higiene se deben tener
presentes en todos los pacientes, es en este grupo en los que cobran mayor
jerarquía.
A pesar de que el germen más frecuentemente encontrado en la piel es el
Staphylococcus epidermidis (65-69%), el germen más involucrado en los procesos
infecciosos es el Staphylococcus aureus, que se encuentra en una proporción del
1 a 2% en la superficie cutánea. Varias publicaciones han demostrado que el
Staphylococcus aureus fue identificado en alrededor del 80% y el Staphylococcus
epidermidis 18% de los casos de abscesos peridurales[3].
Esta discrepancia sugiere la posibilidad de que el Staphylococcus aureus pueda
ser más resistente a los desinfectantes que otros organismos, y/o que el efecto
bactericida no sea lo suficientemente rápido[4].
La infección transcutánea se da por agujas contaminadas, por materiales no
estériles, la utilización de sustancias anestésicas retiradas de múltiples
ampollas[5]
o frascos de los desinfectantes abiertos por períodos prolongados de tiempo. Se
ha visto que los desinfectantes principalmente los de yodo povidona, pierden
efectividad en la desinfección a medida que pasa el tiempo luego de abierta la
botella, e incluso se puede identificar proliferación bacteriana de las tapas
de las botellas previamente abiertas; por lo que lo ideal sería usar
recipientes de uso único.[6]
Otro mecanismo de infección descrito es la contaminación por Streptococo
viridans desde la mucosa bucal del operador que no usó tapaboca[7].
Aunque se cumplan todas las medidas de asepsia existe un significativo
índice de contaminación de las agujas, ya sea peridural o raquídea, como lo
demuestra el trabajo realizado por Raedler et col en el que encontró que el
17,9% de las agujas estaban contaminadas luego de la punción[8].
Recomendaciones para realizar
la punción.
Es de fundamental importancia cuando se realiza una
anestesia raquídea o peridural mantener una técnica aséptica, por lo que se
recomienda[9]:
1- Antes de realizar el procedimiento la mesa donde se
apoyará el material se debe limpiar con alcohol al 70% y se deja secar.
2-
Se deben utilizar bandejas
que contengan todo el material y que estén estériles.
3-
Se coloca un campo estéril en
la mesa de trabajo para poder apoyar la bandeja con el material a utilizar,
manipulando los campos lo menos posible.
4-
Las manos se lavan a fondo
con clorhexidina al 4% o yodo povidona. Se ha visto que las manos del personal
de salud que trabaja con pacientes es la principal vía de contaminación
cruzada.
5-
Se colocan sobre el campo
estéril: las jeringas, agujas, la aguja de raquianestesia o peridural, el
introductor o el catéter peridural y las ampollas de anestésico local. Se
aconseja utilizar materiales descartables.
6-
El ayudante debe usar guantes
estériles.
7-
Es conveniente usar
sobretúnica y guantes estériles.
8-
Se aconseja la utilización de
gorro y tapaboca. Si bien es un tema en discusión, en el cual se plantea que
los tapabocas de papel no protegen de los gérmenes de la vía aérea del
operador, y se debería usar tapabocas hechos de fibras sintéticas tales como
polipropileno y poliéster, no se ha visto una diferencia significativa entre
ambos.
9-
Se limpia la región lumbar
con clorhexidina al 0,5% en alcohol al 70% u 80% por 3 a 4 minutos y se deja
secar. La desinfección de la piel implica la destrucción de los organismos
patógenos, aunque lo ideal es la eliminación total generalmente lo que se logra
es la reducción a un nivel que usualmente no causa infección. El alcohol actúa
rápidamente (30 segundos) y tiene la ventaja de dejar la piel seca y la
adicción de clorhexidina tiene la ventaja de dejar un efecto residual sobre la
piel. Los iodóforos (como la yodo povidona) tienen una actividad similar, no
obstante ciertos trabajos plantean que la desinfección de la piel con yodo
povidona carece de la misma efectividad que las soluciones de clorhexidina con
alcohol. [10]
10-
Todos los excesos de
desinfectantes son retirados de la piel con una gasa estéril antes de la
punción. Se debe tener mucha precaución en que los guantes y las agujas de
punción no se contaminen con los desinfectantes.
11-
Se sugiere manipular lo menos
posible las agujas y el catéter. Lo ideal es no puncionar la piel más de tres
veces.
12-
Luego de inyectado el
anestésico local se cubre el punto de punción con material plástico estéril. Si
se coloca un catéter peridural se hará lo mismo en todo el trayecto de este.
Pospunción.
En el posoperatorio inmediato y alejado se controla la zona de punción
sobre todo si se colocó un catéter peridural, buscando signos locales de
infección como rubor, calor y dolor. Cualquier sospecha de infección debe
motivar la retirada inmediata del catéter. Los controles se realizan mientras
esté colocado el catéter y por 24 horas luego de retirado.
Hay que mantener un alto índice de sospecha de las complicaciones
infecciosas y de la posibilidad de un hematoma peridural, esta última aunque no
de origen infeccioso es de suma importancia.
Ante cualquier síntoma o signo de compresión o isquemia medular debe
motivar la consulta con neurocirujano y la realización de estudios
imagenológicos, si es posible una resonancia magnética nuclear.
El diagnóstico temprano de las complicaciones y los correspondientes
tratamientos son un punto fundamental para el pronóstico vital y funcional del
paciente.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.
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89:922-924.